Copa América: el invierno en que Chile anexó a Mendoza

La masiva llegada de chilenos a Mendoza fue más allá del impacto turístico y comercial, llegó a ser un tema social que no dejó indiferente a nadie. Durante dos semanas Mendoza vivió entre la alegría de algunos, la molestia de otros y un grado de intolerancia que -en algunos casos- es preocupante.

La presencia chilena se notó y Mendoza reaccionó.
La presencia chilena se notó y Mendoza reaccionó.

Sin duda el inicio de Julio ha sido diferente para todos los mendocinos, pero no fue el frío que calaba los huesos o los precios que día a día hacen sufrir los bolsillos, sino una “marea roja” que le cambió la cara a la ciudad como nunca antes se había visto.

¿Fue mi imaginación o durante la semana pasada Chile anexó a Mendoza? Se preguntaron algunos. La alta presencia de turistas chilenos atraídos por la Copa América marcó un hito para la provincia y para la ciudad. Ni siquiera el más antiguo de los mendocinos recuerda haber visto tanto chileno recorriendo las calles.


Durante una semana la avenida Las Heras parecía el Paseo Ahumada y la Plaza Independencia era una extensión de la Plaza de Armas de Santiago. El comercio estaba copado y quienes buscaban un restaurant tenían que hacer filas porque las camisetas rojas se tomaron cada mesa de los lugares más tradicionales.

Mendoza pareció un anexo chileno y el tonito trasandino era el que más se escuchaba en todos lados. El clásico “Vamos, vamos Argentina” fue reemplazado por el pegadizo y, a ratos cansador, “¡Chi, chi, chi, le, le, le, viva Chile!”, el 9 de Julio no estuvo plagado de banderas argentinas sino que estuvo copado de la tricolor trasandina e incluso la avenida General Belgrano sirvió para que los chilenos manifestaran su disconformidad con el sistema educacional que se utiliza al otro lado de la Cordillera.Más que tratarse de una recepción a los turistas, la masiva presencia trasandina obligó a una verdadera convivencia. Los espacios que cada día estaban a disposición del mendocino, de un momento a otro fueron compartidos y hasta ocupados totalmente, algo que sin duda cambió la vida cotidiana, costumbres e incluso tradiciones.

Tolerancia, xenofobía y desborde

La masiva presencia de chilenos despertó todo tipo de sentimientos y puso a prueba la tolerancia mendocina. Por un lado los comerciantes y los sectores turísticos no ocultaron su felicidad porque -como nunca en sus registros- tuvieron una ocupación total en todos los niveles y ventas récord que aún los mantienen con una sonrisa.

Sin embargo, la presencia trasandina también resultó molesta para muchas personas que a través de distintas formas, como los foros y las redes sociales, manifestaron su parecer. Sin duda, la Copa América fue una prueba a la tolerancia que mostró lo mejor y también lo peor de la sociedad mendocina.


La denominada “marea roja” estuvo compuesta por el público más variado. En su mayoría fueron familias y grupos de amigos, pero también –aunque en menor proporción- hinchas de distintos clubes trasandinos que adoptaron costumbres que seguramente al otro de la cordillera no tendrían. Muchos de ellos bebieron en las calles a vista y paciencia de la autoridad y abusaron de la masa, gritando y molestando a algunos transeúntes.

Y como el nombre, fue literalmente una “marea roja” que ocupó cada rincón y fue imposible evitar o desconocer, que no dio tiempo para adaptación y tampoco para comprensión. Esto faltó a quienes se vieron superados por la situación y fueron dominados por los impulsos que terminaron por marcar el gran punto negro de toda la fiesta deportiva.

Los incidentes en la Plaza Independencia fueron producto de la intolerancia y un grado incomprensible de xenofobia que fue aún más dura porque los ptotagonistas son los llamados a ser el futuro de nuestra sociedad, por quienes más abiertos al mundo deben estar de la mano de la tecnología y las herramientas de interacción con que hoy cuentan.

Si fue provocación o una reacción quedará en las manos o la conciencia de los protagonistas, pero lo cierto es que el epicentro mendocino, con un nombre que llama a la libertad y hermandad, fue un campo de batalla lleno imágenes que reflejan lo peor de cada ser humano.


De la mano de la intolerancia, llegó la hora de los organismos policiales y un accionar falto de cordura que dejó imágenes que no dan pie a interpretaciones, sino que son reflejo de lo que cada día intentamos mostrar para mejorar y tener una sociedad más justa y segura.

“Ya que estamos aprovechamos de protestar”

La soltura con que se movieron los miles de chilenos estaba dada por el paso de los días y por esa sensación de seguridad que entregó la presencia masiva de camisetas rojas. Tan en casa se sintieron los chilenos que desde el otro lado de la cordillera incluso llegó el reclamo para pedir una mejor educación.

En la cancha de San Juan y también en el Malvinas Argentinas se vieron los lienzos pidiendo al gobierno de Piñera una educación de calidad y gratuita. Un representante de los estudiantes movilizados en Chile habló en las radios mendocinas, comentó en los diarios y explicó a toda la provincia de qué se trataba el problema y qué solución pedían.

De un día para otro la política educacional chilena era tema de protesta en avenida Belgrano y sin entender totalmente lo que pasaba, los mendocinos veían como los problemas trasandinos se trasladaron a sus calles.

Los noticieros trasandinos dedicaban muchas horas a sus transmisiones desde Mendoza y la ciudad pasó a ser parte de cada día para los trasandinos. El Club Andes Talleres, la plaza, la cancha eran lugares comunes, eran parte del entorno del Chile que se vivió en Mendoza.

Sin duda habrá un antes y después de la Copa América. Por algunos días convivimos con el ciudadano chileno en esencia, como nunca antes, porque acá se sintió tan suelto que se mostró con sus cosas buenas y también con las malas. La frontera se movió unos kilómetros para ellos, no sintieron la distancia, algo que debemos tomar positivamente, valorar lo bueno, mejorar lo malo y sentir que Mendoza lo hizo bien, que cumplió, pero que siempre se puede mejorar.