¿De Babel a la Aldea Global?

El analista en Relaciones Internacionales trae, a su nota, un nuevo tema: la exposición de las personas a permanentes influencias ajenas a la propia cultura y, en consecuencia, a la necesidad de prestar atención a la ponderación que hacemos de aquellas, tanto a nivel personal como grupal.

Foto: Gentileza
Foto: Gentileza

                                                                                “La nueva interdependencia electrónica reconstruye
                                                                                                    el mundo a la imagen de una aldea global”.
                                                                                                                                      Herbert Marshall McLuhan

La moraleja que extraemos del relato bíblico de la torre de Babel me hace reflexionar respecto de la temprana importancia que ya se le adjudicaba al poder y rol de la comunicación en la "interculturización".

El rol de las lenguas en la comunicación, más allá del aspecto gramatical o semántico, dejó una impronta de relevancia en las diversas actividades de la comunidad humana junto al bagaje de cultura que ellas conllevan: sus ritos, mitos, creencias y tradiciones.

El lenguaje, como actividad libre del ser humano y también como producto de esa actividad, constituye indudablemente un fenómeno cultural. La cultura es la expresión de humanidad y creatividad, que se asocia a los significados, a los conocimientos, talentos, industrias, civilización y valores.

Nuestra heredad occidental se ha enriquecido a lo largo de las épocas con aportes en disciplinas como: legislación, comercio, administración, ciencias y artes, incorporando conceptos o prácticas de diversas civilizaciones como la sumeria, egipcia, griega, romana, árabe, judía, la anglo-sajona, francesa, castellana, eslava, orientales y tantas otras…

Somos el resultado de la amalgama de todas estas contribuciones las que no siempre, en forma voluntaria ni necesariamente espontánea pero finalmente con espíritu pragmático, aceptamos incorporar.

Los humanos tenemos la capacidad de ir amoldando no sólo la naturaleza sino nuestras propias relaciones con el mundo y nuestra propia forma de vivir. Hemos ido creando y modificando nuestra relación con el mundo en un proceso acumulativo y evolutivo.

En la actualidad ya no es necesaria la ocupación efectiva de un territorio por parte de otro país o civilización para imponer sus gustos, ideas o modos de vida.

En la Aldea Global existe una interlingua universal (imagen, sonido y texto) que se traduce cotidianamente y en forma simultánea a docenas de idiomas y miles de dialectos. En consecuencia, estamos constantemente expuestos a influencias ajenas a nuestra cultura y, por ello, es necesario estar atentos a la ponderación que hacemos de aquellas, tanto a nivel personal como grupal.

Vivimos en una época en que la oportunidad de comunicarnos y poder incorporar conocimientos en forma no traumática nos brinda ventajas insospechadas si tamizamos inteligentemente y en forma empática y práctica el aluvión de posibilidades sin dejar de mantener características propias ni dejar de ser pluralistas en el “mare magnum” de la globalización.