Ser pintor en Argentina es una tarea muy individual, incluso en los acontecimientos colectivos de salones, también se funciona con carácter individual, nos cuesta mucho a los colegas integrar algo en común, aunque hay algunos grupos que funcionan. Pero en general ese individualismo es imperante.
Así que uno está solo ante el mundo. Desde hace años, vivo en Buenos Aires y la identidad con la que abordé esta ciudad, no la cambié, sino que la profundicé, vi que las peripecias son semejantes a la de Mendoza, pero más grandes, y cuesta armar el tejido social que a uno lo sustente, y encaminarse por el mundo del arte.
Buenos Aires es un país aparte: llegás y tenés que empezar de cero, todo lo hecho, es como que no tiene legitimidad. Mendocino en Buenos aires es lo mismo que rosarino en Budapest. Y hay que caminar la calle como dice el tango.
Llegar a vivir de la pintura es todo un tema, y no hay fórmulas, cada uno debe encontrar su propia senda, y no es el esfuerzo bruto la meta, sino la constancia del trabajo diario y sobre todo la constancia de querer superarse, de legitimarse uno mismo.
Generalmente los Plásticos tenemos alternativas para subsistir, como las clases en el taller, trabajos de arte en cine, video, gráfica, etcétera, y las alternativas dependen mucho de la formación de cada uno. Y acá eso puede resultar muy valioso.
Pocos Artistas viven de la pintura exclusivamente, pero sí se puede vivir del arte en general, siempre y cuando se trabaje en serio, con responsabilidad, ya que los laburos alternativos que hice en cine por ejemplo, son muy precisos, grupales y sublimados a las decisiones de un director. Pero, bien pagos.
Pero en general, la Plástica tiene un mundo maleable, ya sea por la opinión de curadores, críticos y por la decisión de los compradores, y sumamos a esto la falta de demanda, porque… ¿acaso la gente común sabe que se puede comprar un cuadro, o mejor dicho tiene la costumbre de tener obras originales en su casa? Y en ese mundo hay que vender un cuadro.
Por eso opino que cada uno encuentra su propio camino, y el mercado del arte en Buenos Aires existe, y uno puede estar de acuerdo o no, afuera o en la periferia de ese mundo, pero existe, es real, a través de las galerías, subsidios de entidades afines estatales en algunos casos, privados, etcétera. Y el agite es constante. Esto es lo importante, la plástica esta más integrada a lo diario de una capital.
Y las reglas de ese mercado, están claras entre los galeristas y sus artistas, cada uno con sus comisiones respectivas.
No están tan claras desde el Estado en general, eso debido a la falta de gestores culturales serios, que en definitiva son los que de alguna manera también legitiman a los artistas de su región.
La imagen de un plástico lo es todo, en mi caso lo que desarrollo es el tema de lo mundano, lo simple, en buscar siempre el equilibrio de la luz. La atmósfera, y se gesta desde el silencio del taller, la meditación.
En mi experiencia personal, creo que no hago otra cosa más que pintar, en muchas maneras y en la última exposición que hice hace unos días en la Galería de Braga Menéndez, pude mostrar sin ningún prejuicio ajeno, obras que me dieron mucho gusto hacerlas, gestarlas, desde el armado del bastidor.
La recepción de la obra fue muy buena, sobre todo de los colegas más jóvenes. Cosa que me pone muy feliz, porque hay mucha gente que quiere ver. Sin embargo, también me sigue quedando en claro que ser pintor en la Argentina es una tarea bastante compleja.