Para mi vida, ¿qué es lo importante?

La pregunta es para asignarle a la vida un lugar de satisfacción y encuentro respetuoso con nosotros mismos, con lo que deseamos y con la forma en que queremos vivir... La pregunta es el ejercicio que el columnista, especialista en RRHH, propone en esta nueva nota.

Foto: Gentileza
Foto: Gentileza

Vamos transitando la vida, nuestra vida, con los más diversos “importantes”, según nuestro momento y nuestra edad.

Vamos buscando y aprendiendo lo importante de saber lo que es “importante” a medida de que transcurren los años y ciertos sufrimientos. Al menos, eso vamos creyendo.

Cuando niños, lo importante es simple y fresco; con la adolescencia es más complejo e inestable; en la juventud es pasional e idealista; hasta que nos sorprende la adultez y nos lleva a afirmar “¡esto es lo importante!”

Pero realmente... ¿sabemos lo que es importante en nuestras vidas? ¿Lo podemos  reconocer? ¿Somos lo suficientemente objetivos para priorizarlo correctamente?

Para ayudar a contestar estos interrogantes, les propongo recordar el siguiente ejercicio, realizado por un profesor universitario a sus alumnos, a fin de establecer cuál era el manejo que tenía cada uno del espacio y las prioridades.

Sacó un frasco grande de boca ancha. Lo colocó sobre una mesa, junto a una bandeja con piedras del tamaño de un puño, y preguntó: "¿Cuántas piedras piensan ustedes que caben en este frasco?" Después de que los asistentes hicieran sus conjeturas, introdujo piedras hasta que completó el frasco. Luego preguntó: "¿Está lleno?" Todo el mundo lo miró y asintió. Él dijo: "No, no está lleno". Entonces sacó un cubo con piedritas. Metió parte de la gravilla en el frasco y lo agitó. Las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes. El profesor sonrío con ironía y repitió: "¿Está lleno?" Esta vez los oyentes dudaron. La mayoría dijo que no.

Entonces puso sobre la mesa un cubo con arena que comenzó a volcar en el frasco. La arena se filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras y la grava. Preguntó nuevamente: "¿Está lleno?" Entonces, todos dijeron unánimemente que no. Por último, tomó una jarra con un litro de agua y comenzó a verterla en el frasco. El frasco aún no rebosaba. Entonces preguntó: "¿Qué conclusión podemos hacer?"

Un alumno respondió: "Que no importa lo llena que esté tu agenda; si sabes organizarte, siempre puedes hacer que quepan más cosas". "¡No!", -dijo el profesor, "lo que nos enseña es que si no colocás las piedras grandes primero, nunca podrás colocarlas después".

Por eso nuestra gran tarea, nuestro gran desafío es reconocer cuáles son nuestras “piedras grandes” (lo verdaderamente importante para uno), porque de lo contrario se corre el riesgo de poner el esfuerzo, el tiempo y, quizás, la vida en todo aquello que no es lo más importante para uno y dejar que el espacio sea cubierto por aquello que no es del todo lo más “importante”.

¿Cuántas veces hemos tenido o tenemos nuestra vida llena, pero a su vez vacía, cargada de actividades que no alimentan lo que para nosotros es importante? ¿Cuántas veces termina el día y nos descubre agotados física y mentalmente y, sin embargo, cuando repasamos los acontecimientos de la jornada, sentimos un sinsabor que nos envuelve y nos pone de mal humor, como si algo faltara sin saber muy bien qué es lo que nos falta?

Saber reconocer y priorizar correctamente lo que para nosotros es lo importante es fundamental para lograr tener vidas más plenas y felices. Pero para lograrlo, tenemos que aceptar un cambio, detenernos, conectarnos con lo más profundo de nuestra esencia, descubrirnos con valentía y aceptación y elegir nuestro camino, nuestra prioridad.

El hacerlo con valentía es una de las claves, porque el elegir exige descartar ciertas cosas y aceptar otras; exige adaptarse a los cambios y por momentos cambiar paradigmas pero, por sobre todo, exige ser honestos con nosotros mismos, no engañarnos y aceptar el reto que nos impone decidir qué es lo importante.

Seguir corriendo tras nuestro propio engaño, sin enfrentarnos con nosotros mismos para descubrirnos y descubrir "qué es lo importante" de nuestras vidas, supone un precio alto a pagar porque antes o después, nosotros mismos o muchos de quienes nos rodean, van a demandar cosas que no deseamos y estilos de vidas con los que no gozamos; con lo cual todo se puede llegar a tornar muy descolorido, quitando una gran motivación a nuestro existir.

Por eso, ser concientes de la importancia que tiene conocer lo que para nosotros es “lo importante”, es casi sinónimo de felicidad, de alegría, de paz, de regocijo por vivir.

Conocer “qué es lo importante para mi vida“ es asignarle a la vida un lugar de satisfacción y encuentro respetuoso con nosotros mismos, con lo que deseamos, con la forma en que queremos vivir y, muy posiblemente, en cómo queremos morir.

Seamos valientes, honestos y respetuosos con nosotros mismos y brindémonos la posibilidad de conocer, con la mayor sinceridad posible, qué es lo mejor para nuestras vidas, haciendo una simple pregunta: ¿Para mi vida… qué es lo importante?, porque seguramente al respondernos,  descubriremos qué es lo que nos hace bien y potenciaremos las chances de tener una vida más feliz y plena.   

¿Cuáles son las grandes piedras en tu vida... las importantes? ¡Recuerda!, ponlas primero. El resto encontrará su lugar.