Ya sea una forma de divertimento o una práctica destructiva, el chisme nos da información sobre otras personas.
Investigadores norteamericanos han estudiado cómo nuestros cerebros reaccionan al cotilleo y resulta que, inconscientemente, prestamos más atención a la cara de una persona sobre la que hemos escuchado cosas negativas. La investigación aparece publicada en Science.
El equipo, liderado por Eric Anderson, de la Universidad Northeastern en Boston, diseñó sus experimentos en torno a un fenómeno denominado rivalidad binocular, un fenómeno de la percepción visual en el que el individuo alterna entre diferentes imágenes presentadas a cada ojo.
Cuando una imagen se presenta ante un ojo y otra imagen muy diferente se muestra al otro, en lugar de que las dos imágenes se superpongan, una de ellas se ve durante unos instantes, luego la otra y así sucesivamente durante el tiempo que cada cual le dedique. Pero la cantidad de tiempo que registramos cada imagen no se encuentra bajo el control consciente del espectador.
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