En medio de la lluvia de arroz, los flashes, la emoción de los testigos, la alegría de familiares, amigos, y con la libreta roja en sus manos, reciben una única advertencia que casi no se escucha: "Los esposos se deben mutuamente fidelidad, asistencia y alimentos". Se firman las actas y empieza la fiesta.
Lejos están de sospechar que algún día el fantasma universal de la infidelidad puede golpear a sus puertas. Y que ello puede representar, además de la causal de divorcio, el camino judicial hacia un resarcimiento económico. Eso sí, para ello deben darse múltiples factores.
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