Atraído por el paisaje y el desafío de producir vinos de alta calidad, en febrero del 2001 invirtió en la Argentina y compró la bodega Colomé en Salta (con los viñedos más altos del mundo a 2.300 metros de altura), luego inauguró un museo de arte contemporáneo y en diciembre del 2010 abrió Amalaya, su segunda bodega salteña, en el Divisadero. Si bien es conciente del enorme desafío que representa, está convencido de poder llevar adelante un plan de desarrollo económico y social.
Seguí leyendo la nota aquí