Caguemos al pequeño productor

Quién no tuvo un tío, un abuelo un vecino o un conocido que tenía una pequeña viña? Personas que vivían de estos pequeños terrenos que poco a poco fueron convirtiéndose en barrios privados, loteos o la peor de las suertes, en campos olvidados. “Todo esto….era viñaaa”.

Si alguien conoció uno de estos personajes de la tierra ya se lo estará imaginando. Arrugado hasta los dientes, de ropas ajetreadas, cascoteao (léase cascoteado) por el sol y generalmente bajándose de alguna camioneta vieja o nueva pero siempre con algo de tierra, producto de un día ajetreado en la finca.

En honor y en defensa de estos tipos escribo. De los que plantaron las primeras viñas, de los que trabajaron de sol a sol, de los que piensan que el vino es bueno o no y sin darle tantas vueltas a la copa.

Hoy en la provincia de Mendoza y según el último censo publicado en el 2001 por el INV existen 15.167 viñateros que poseen viñas de entre 0,5ha y 25has.  Otros 943 son propietarios de fincas de entre 25has y 100has.Finalmente existen solo 86 propietarios de más de 100 hectáreas.

No es motivo de discusión saber cuántos de esos 86 propietarios son extranjeros, pero sería bueno tenerlo en cuenta.


No todo nuestro vino es Vino Argentino

Es bueno recordar que nuestra mayor industria nació con 174 hectáreas de viñedos implantadas en el quinquenio 1881-1885 y que alcanzaría su máximo histórico en 1978 con 252.928 hectáreas de las cuales entre ese año y 1990 se erradicarían 107.277 hectáreas.

El proceso globalizador tuvo y tiene una enorme incidencia en la vitivinicultura local, no sólo en términos económicos sino también en culturales. Como es lógico suponer, gran parte de los pequeños viñateros fueron impactados fuertemente, otros se adaptaron al cimbronazo y se reconfiguraron (hablando en términos tecnológicos modernos).

Lo cierto es que hoy se están plantando nuevos viñedos pero modificando la escala, dejando una clara tendencia a los propietarios de más de 50 hectáreas. Esto gracias a las grandes a inversiones, que por supuesto su economía de escala requiere de más de 50 hectáreas para que su negocio sea rentable. Lo cual no está mal, nadie dice que esté mal,…pero.

Cuando uno lee notas como “Falta de cosechadores: ¿y si probamos pagándoles dignamente?” habría que saber distinguir la paja del trigo.

Existen muchas variables que deben de ser analizadas. Hay que distinguir al sotreta  (hablando en términos criollos) que se queda en casa cobrando salarios y al cosechador que sale y siempre salió a hacer un extra.

No hay porqué generalizar, pero no hay dudas que la mano de obra escasea y mucho. Esto es indiscutible y el que lo quiera discutir que venga a la puerta de cualquier finca y lo compruebe con sus propios ojos. A ver si lo entiende, no es por el grado, tampoco por el precio, no conozco fincas que paguen menos de $2,50 el tacho. Hoy un cosechador promedio está superando los $170 por día, algunos llegan a $200 por día. Un obrero común de viña cobra aproximadamente $2.000 por mes. El lector sabrá sacar sus propias conclusiones.

La paga puede ser digna o no. Si el cosechador no la considera digna, tiene una opción para no cosechar y quedarse en su casa con su respectivo incentivo presidencial. Esto está regulado por la oferta y demanda. Ya lo conocemos todos y los viñateros no tienen de qué quejarse y los cosechadores podrán optar por trabajar o no.

El mercado maneja los precios. Y de este mercado el que está más lejos de cualquier influencia es el pequeño productor que paga, lo que pagó su vecino y lo que piden los cosechadores. Porque permítame decirle amigo, que si usted no paga lo que los cosechadores piden, usted verá un piquete de tachos vacíos junto al camión en su viña. También hay piquetes aquí. Pero no duran mucho. Porque la uva, la uva hay que levantarla.

Pero eso sí, los lunes, olvídese de los lunes. Si consigue gente para trabajar el lunes, es porque seguramente son trabajadores extranjeros, de Bolivia generalmente, norteños o simplemente gente que realmente necesita comer.

Como decía, hay muchas variables, que los trabajadores vagos y los que no. Las variedades, las zonas de procedencia, los productores grandes y los pequeños. No se puede meter todo en una misma bolsa. Los periodistas tendrían que escribir una nota desde cada punto de vista para no herir a nadie. Tampoco podemos cargar sobre los periodistas, pero es bueno de tanto en tanto escuchar las dos campanas.

Productores en peligro de extinción

Un dato para tener en cuenta, para quienes ya no visitan la finca de su tío, es que la provincia cuenta con formadores de precio. Esto es un par de grandes bodegas que se ponen de acuerdo entre sí y paga el kilo de uva lo que su margen pueda. 

Estos formadores, es claro, también tienen sus influencias. Fue deplorable ver como algunas publicaciones especializadas en vitivinicultura y el glamour del vino se preocupaban casi histéricamente, por la rentabilidad de grandes bodegas y como se vería afectada su rentabilidad por la inflación local.

Para estas bodegas sería toda una complicación trasladar costos a una botella de vino puesta en la 5ta Avenida cuando ninguna de las botellas vecinas de esa góndola de New York sufriera un mínimo incremento. Entonces la movida mediática buscó no aumentar los costos de la materia prima porque todo lo que consiguió Argentina en el mundo corre peligro.

Pero ninguno de estos protagonistas, incluída la prensa, advirtió que el que en realidad corría y corre riesgo de desaparición es el pequeño productor. Imagínese que si una gran bodega se le dificulta trasladar costos a una botella de vino, lo que le cuesta al pobre tipo con 25 hectáreas de viña. Él no tiene modo de trasladar costos. Es decididamente imposible. En una situación delicada están también aquellas bodegas boutique que apostaron fuerte a la modernización y hoy su poder de negociación tanto con clientes como proveedores es muy bajo. El mercado externo no parece ser la salida este año, y las más de 4500 etiquetas en góndola interna son un gran desafío.

Hoy el mercado está pagando precios similares por uvas comunes al del año pasado, los formadores de precio bajan el precio que se debería de pagar por variedades como el Cabernet y Bonarda y de esta forma cierran los números elevando el precio del Malbec. Es decir, y por el momento, no pierden. Volvemos a lo mismo. Los pequeños productores y pequeñas bodegas serán las grandes perjudicadas.

Es como si este año, el clima, las grandes bodegas, el gobierno y ahora los periodistas se hubiesen puesto de acuerdo en la consigna “caguemos al pequeño productor”, hasta las polillas se congeniaron. Pasa que todo aumentó en la finca. El gasoil para el tractor, el sueldo para el peón, los fertilizantes. Todo esto aumentará significativamente el costo por hectárea que rondará entre los $15.000 y $20.000 dependiendo del manejo de cada finca. Pero resulta que a esta altura, el pobre tipo que tenía uva común va a cobrar lo mismo que el año pasado o tal vez menos. El que tenía unos quintales de Cabernet podrá salir ileso (si es que no sufrió heladas ni granizo) y el del Malbec la pegó…. Bueno, no es para tanto porque hay que acordarse de que las bodegas le pagan a este pequeño productor en cómodas cuotas que sin exagerar terminarán en febrero o marzo del 2011.

No odiemos al que le va bien

Las grandes bodegas tampoco tienen la culpa, ellas buscan rentabilidad y lo que hacen es totalmente justo en un mercado capitalista. No hay porqué ver con ojos envidiosos si a una multinacional a un productor o a una bodega boutique que apostó a innovar le va muy bien. Hay que sacarse el sombrero y aplaudirlo pero bien fuerte che.

El tema es que hacemos con esos 15.167 propietarios que lo único que hicieron toda su vida fue trabajar en la viña, que no saben armar un plan de negocios ni tienen expertos en marketing trabajando en su corral. Si se me permite voy a poner las manos en el fuego por estos 15.167 viñateros. Ellos no quieren que se les regale nada. No quieren planes, no quieren regalos, simplemente necesitan que algún iluminao les haga una huella en su finca pa poder salir del pantano. Necesitan que alguien les demuestre las bondades de integrarse a la cadena productiva o no y que definitivamente les hablen en su idioma.

Lo hecho, es solo un primer pequeño paso

¿La pregunta es qué hacen las políticas a favor de esta franja? Qué les deja el Malbec World Day, por ejemplo, a estos tipos. Si aumentan las exportaciones aumentará el precio del kilo de su uva? La posición de Argentina es envidiable y mucho de lo logrado se debe a los aciertos del gobierno. Pero sinceremos a la prensa. A quién le sirve la campaña del “Vino Argentino”. Usted me dirá “aumenta el consumo de vino común”, “volvió el tetra a la mesa”. Le comenté que algunas bodegas están pagando el mismo precio o menor por las uvas comunes? No necesitamos un experto en marketing de Buenos Aires para ayudar a 15 mil viñateros. Necesitamos que alguien del sector definitivamente pelee por los verdaderos intereses mendocinos.

Lo hecho hasta ahora son todas campañas muy buenas, muy lindas, simpáticas prefiero esquivar el término “efectivo”, pero… todas buenas intenciones del gobierno y realmente le han hecho bien a nuestro país y también a un grupo de bodegas. Pero créame que el pequeño productor todavía no ve ningún efecto en su bolsillo.

No hay que mentirse. El sparkling y el arteciopelado gustito exportador nos han hecho olvidar de 15.167 pobres tipos. Es hora de que las políticas bajen al llano. Es hora de que veamos la historia de Mendoza y la defendamos. Me podrán decir que hay políticas, incentivos, programas, que la Coviar, que el BID, que el Fondo…. Le propongo lo de hace un rato, ¿lo discutimos en la tranquera de cualquier viña?

Es tiempo ayudar en serio a ese pequeño productor, llevarlo de la mano, guiarlo para diversificar su producción, corregir su materia prima. Ayudarlo como se lo ayuda a un hijo sugiriendo lo que hay que hacer, ayudando como se ayuda a un padre ochentoso a cruzar la calle. Los prestamos sirven pero solo son parches anuales, se necesita de políticas a largo plazo, o que alguien les diga y demuestre que 20 hectáreas no es una unidad de negocio rentable, digo, asi no le hacemos perder el tiempo a nadie y seguimos haciendo barrios privados.

La culpa no es de la polilla

Podremos discutir horas sobre el tema y criticarlos de que tendrían que poner malla antigranizo, diversificar, integrarse, etc. Lo cierto, es que hoy nuestra historia está siendo devorada y olvidada. La solución no está en echarle la culpa a NADIE, ni a las multinacionales, ni a los periodistas, ni a los sindicatos ni a Cristina, ni al clima. Simplemente sugiero que tendríamos que diseñar una nueva etapa de la vitivinicultura y poner énfasis en 15.773 pobres tipos y la historia de Mendoza.

De lo contrario, dentro de unos años, la vendimia será muy distinta, será un concurso de modelos hot, las cosechas serán mecánicas, las bodegas argentinas serán en su mayoría extranjeras y los vinos, a lo mejor, tendrán todos el mismo gusto.

*El autor es el Lic. Guillermo Caggiati, cuarta generación de productores y viñateros.