Transité estos días de Carnaval entre el asombro por la participación de la gente y la alegría de mis hijos en el festejo del barrio, en el corso que se armó en la plaza con motivo de esta recuperada fiesta popular.
Y como todo acto de pueblo, por tanto público, tuvo el efecto de igualarnos por un rato; los disfraces no son “de marca”, tampoco se determinan por el sexo o el género, los niños pueden reírse de los adultos sin que esto implique una ofensa. No hay clase social, ni sexo, ni edad, todos y todas estamos incluidos en la alegría y el disfrute.
Amanecí ayer con la noticia de que la jerarquía de la Iglesia Católica Argentina expulsó al sacerdote Nicolas Alessio por pronunciarse a favor de le ley de matrimonio igualitario.
Recordé inmediatamente la frase que rezamos en el credo “…la Santa Madre Iglesia” ¿Será Madre esta Iglesia que expulsa al que se atreva a pensar distinto? No creo que exista un único y estereotipado modo de ser mamá sino más bien tantas formas como mujeres que eligen la maternidad.
Pero me atrevo a realizar alguna generalización en este sentido: la maternidad que se elige tiene que ver con el amor, y el amor tiene que ver con el abrazo y para abrazar una tiene que abrir grande los brazos, ensanchar el cuerpo para luego fundirse con el hijo.
Pero parece que esta Iglesia se olvidó por un momento de su propia maternidad, o prefirió ser una madre autoritaria y expulsiva. Me pregunto como hará entonces hoy la jerarquía eclesial para desandar sus propias palabras “para amar a todos sin excluir a nadie” reza la Oración por la Patria.
Como se explica, desde esta oración, el acto de expulsar, de no abrazar, de echar a quien opinó a favor de la inclusión, de mayor ciudadanía, de igualar en derechos. Con tristeza, parece que esta Iglesia Madre se repliega sobre sí misma, se cruza de brazos en su trono de autoridad, excluye y expulsa mientras muchos de sus hijos e hijas elegimos en la alegría del carnaval abrazarnos a otros, incluirnos e impulsarnos ensanchando esta democracia, esta patria grande que reza desde la alegría y la fiesta de carnaval…sin excluir a nadie.Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios.
*La autora es abogada de familia del fuero mendocino.