Fallecieron en el 2011: Citas a ciegas, Q.E.P.D.

La sociedad mendocina participa con pesar su fallecimiento... Es que este método para salir, conocerse, divertirse y encontrar finalmente pareja crece en el mundo -cada vez la gente chatea más y se conoce por internet- pero es vapuleado y denostado por los locales. ¿Qué pensás vos? ¿Tenés anécdotas con encuentros de este tipo? Entrá en la nota, contala, queremos tu opinión.

Otra discusión en mesa de amigos, esta vez mixta, llegó a un punto interesante. Las citas a ciegas.

Esa lotería por la cual una casta de aventurer@s se arriesga –algunos ilusionad@s, otr@s casi deportivamente, otr@s para divertirse simplemente- a saltar a ciegas dentro de la pileta, sin saber si está llena o vacía.

Salir con seres desconocidos, de eso se trata.

Wikipedia dice que es una cita en la que las dos personas que se reúnen no se han conocido previamente. Está considerada por los psicólogos como una de las experiencias emocionales más estresantes, principalmente debido a la gran pérdida de autoconfianza por ambas partes y el inevitable temor a lo desconocido.

Este tipo de citas se han vuelto más comunes con el crecimiento de internet, ya que los internautas que se conocen a través del chat, la mensajería instantánea o los foros, y finalmente deciden encontrarse en persona.

“Hace tiempo que fallecieron”, dice la primera. “No hay ninguna razón que aliente a tener citas a ciegas; y en estos tiempos donde tenemos las redes sociales para husmear en el perfil del candidato o la candidata, el que sale con alguien sin saber nada del otro es realmente un soberano tarado. El Facebook es un prontuario tan cómodo, que la cualidad de ciega, a la cita se le pierde”.

Uno de los varones, al escuchar esta opinión, cita una especie de “broma” que le mandaron a su mail desde hace años, y que luego reconstruyó y pasó en limpio para ilustrar esta columna:

“Una cita a ciegas es una cosa para un varón, y otra totalmente distinta para la mujer. Ellas inevitablemente van cargadas de ilusiones, anhelos, ganas de conocer al príncipe azul… mientras que para nosotros, es una salida más, y punto. Si hay onda, genial, y sino, mala suerte. Es más o menos así:” –y acá viene el chiste de Internet-…

En las citas ciegas, así piensa ella, y así el:

*Ella: "¿Qué me pongo?"
* El: "Hoy… ¡la pongo!"

* Ella: "Ojalá que sea un chico bien".
* El: "Ojalá que no sea un bicho".

* Ella: “Cuando Pipi me dijo que me lo iba a presentar, se reía. Debe ser lindo”.
* El: “Cuando Pipo me dijo que me la iba a presentar, se reía. Debe ser un bagarto”.

* Ella: "¿Qué me pongo? Estos zapatos no me combinan con la cartera”.
* El: "Te juro que iría en bolas, para hacerla más rápido".

* Ella: "¿Me llevo camperita? ¿O hace mucho calor?".
* El: "Te juro que iría en bolas, para hacerla más rápido”.

* Ella: "¡Hoy estoy on fire! ¡Me pongo ropa interior sexy y nuevita, por las dudas!"
* El: "Te juro que iría en bolas, para hacerla más rápido”.

* Ella: "Ya no me va cualquiera. ¿Tendrá linda casa, lindo auto?”.
* El: "Ir a casa no da. ¿Me tiro el lance de hacerme el hot en el auto, o me la juego por el telo?

* Ella: "Espero que no crea que soy fácil".
* El: "¡Qué bueno sería que quiera ir directamente al telo!".

* Ella: "Me voy a poner alguno de los perfumes importados”.
* El: "Me voy a bañar".

* Ella: "¿Será educado? ¿Me correrá la silla? ¿Me abrirá la puerta del auto?"
* El: "¿Le gustará el sexo oral?”.

* Ella: "¿Y si es un tirado? Bueno, pero si es simpático, no me importa".
* El: "¿Le pintará pagar el telo a medias?"

* Ella: "Espero que sea tierno, que tenga onda, que sea gracioso”.
* El: "Espero que tenga lindas gomas y buena cola".

* Ella: "Espero que tenga linda conversación y de muchos temas".
* El: "Espero que no hable demasiado".

* Ella: "Espero que sea centrado, que tenga planes.".
* El: “¿Me obligara a usar preservativo?"

* Ella: "¿Irá arregladito, o con la típica barbita fachera de dos días?"
* El: "¿Se depilara toda?"

* Ella: "Su nombre es igual al de un ex”.
* El: "¿Cómo corno me dijo Pipo que se llamaba?".

Hasta películas

hay sobre el tema.

“Mirá, nene, el tuyo es el típico chistecito… ¡sos un básico! Yo odio a las citas a ciegas porque me parecen una pérdida de tiempo. Simplemente eso. ¿Vos en serio seguís pensando que las mujeres somos tontas y lo único que queremos es encontrar al hombre ideal? ¡Yo he salido solo porque tengo ganas de buen sexo! Pero tenemos un ramillete de anécdotas por las cuales hemos decretado que las citas a ciegas son un fiasco”, dijo una de las chicas. Y acá van.

El “toquete”. Me pasa a buscar. Alguien le da mi teléfono sin mi autorización, cosa que ya me molestó, pero bueno… no voy a ser tan mala onda. Vamos a comer, y hasta ahí, re bien. Vamos a tomar algo, y después de un par de mojitos (grave error) se me sienta al lado, y me empieza a pasar la mano por los brazos, por la espalda. Yo me corro. Se corre el, y sigue toqueteándome -esta vez además de las partes anteriores, sumó el cuello-.  “¿Qué hacés?”, le digo, con tono “te voy a moler a patadas”. “Ay, no seas arisca”, me contesta. “Disculpame, me podés llevar a mi casa, no me siento bien”, Fin del encuentro.

El celular. Me pasa a buscar. Me lo adornaron con todos los chirimbolos avidos y por haber: “es médico, 37 años, divino, sin hijos, exitoso, súper centrado, responsable”… bueno, le damos una oportunidad. En la cena, veo que está muy pendiente del celular. Yo sentía ruiditos de vez en cuando, y al principio pensé “le encanta mandar mensajitos, y que raro pone el teléfono!” porque lo ubicaba en alto, en vez de mirar hacia abajo. Cuando termino de comer, levanto la vista y me doy cuenta que no era que mandaba mensajes… ¡Era que me sacaba fotos! Le pregunté para qué lo hacia. ¿La respuesta? Para mostrarles a mis amigos que linda que es mi chica. “Yo no soy tu chica, querido. Hoy salimos por primera vez, recién”, le contesté. Obvio, le pedí que me llevara a mi casa, porque “me había venido”.

El apurado. Esta vez no quería que me pasara a buscar, pero el candidato insistió. Eso, sumado a que se bajó y me abrió la puerta del auto, me corrió la silla y me ayudó con el tapadito le sumó puntos: me pareció un caballero. Luego de sentarnos, nos traen la carta, y mientras yo la leía con detenimiento, me dice: “tengo ganas de decirte algo, pero no se si hacerlo o no”. Yo, por supuesto, le contesté que, ya que había dicho eso, me comentara lo que quería decirme, porque sino me dejaría intrigada. “Te quería proponer que en vez de quedarnos acá, nos vayamos directamente a mi casa”. Me sorprendió, pero yo, tonta y naif, le pregunté por qué. “¡Porque tengo unas ganas de ponerla que no doy más!”, me larga. Yo, una lady, le dije que me esperara, que iba al baño… y me desaparecí en un taxi, llorando –no me pude contener-. ¿No podía pagar una cena, y decir, sutilmente, que me invitaba a su casa a tomar un café? ¡Hay códigos! ¡Yo iba a entender sus intenciones!

“Con estos tres sucedidos en mi haber, tengo de sobra para hacerte entender que no salgo a una cita a ciegas jamás”, concluyó. 

Personalmente, no recuerdo haber tenido citas a ciegas.

Tal vez lo más parecido haya sido cuando algún amigo o amiga me presentaba a alguien pero solo por el motivo encubierto de la “cita grupal”: el o ella estaban interesados en uno y para que no sea tan obvio, yo iba a “hacerle la gamba” y entretener al cuarto ser en cuestión.

Me parece que lo ideal es relajarse y divertirse. No desecharlas de plano, sino que cuando se da la oportunidad, divertirse con ellas.

Valen la pena sólo cuando un@ está en una onda “wild on”: sacadit@, que no te importa nada. Están buenas cuando venís de una ruptura o sencillamente estás transitando por un "año de furia". Sirven para aventurarse, para abrirse, para experimentar. Y en última instancia... ¿Por qué no para conocer a tu proxim@ compañer@? Conozco cientos de parejas que se conocieron así.

Porque igualmente… ¿No son, acaso, todas las citas “citas a ciegas”?

Digo, podemos haber visto al otro o la otra en cuestión alguna vez antes, en el cumpleaños de un amigo en común, en una fiesta, en el micro, en la calle, en la facultad, en el gym, en “la noche”… ¿Acaso podemos decir que una salida no es “a ciegas” porque el otro (o la otra) es “primo de, o amigo de”, y nos tiran data de antemano? ¿O porque lo “feisbuqueamos”?

¿Cuál es el problema? ¿Qué no me guste? ¿Qué me parezca un/a nabo/a? Se soluciona con un “buenas noches, hasta luego”… ¡Y a otra cosa!

Conocer a otro es un desafío, e incluso hay noviazgos (y matrimonios) que se viven “a ciegas” durante mucho tiempo. En todo caso, todas las relaciones son a ciegas por lo menos durante los primeros meses, mientras el vendaje va cayendo y empezamos a ver verdaderamente al otro, a incorporarlo a nuestra vida, a quererlo.