Es una película china cien por cien. No faltan los escenarios propios de la dinastía Ming, ni los barrocos vestidos o las coletas interminables propias de aquella época. Incluso hay peleas con toques de kung fu y espadas voladoras.
Pero el filme más esperado de Hong Kong tiene poco que ver este año con las histriónicas aventuras de Jackie Chan. Aquí las estrellas son Saori Hara y Yukiko Suho, dos actrices japonesas con la misma elasticidad que la del mamporrero chino, y similar aptitud interpretativa. Claro que sus virtudes no están al servicio de patadas acrobáticas y espectaculares secuencias de acción, sino al de posturas imposibles para practicar sexo que ahora el espectador podrá disfrutar con mucho más realismo. En tres dimensiones.
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