En una época de pluralidad cultural, la convivencia es la clave. Y ante la proximidad de las celebraciones de fin de año, es bueno preguntarse cómo viven, especialmente Navidad, quienes no profesan ninguna fe religiosa.
¿Festejan la Navidad los ateos? ¿Hacen regalos a sus hijos, sobrinos, nietos de parte de Papá Noel o los Reyes Magos? ¿Arman el arbolito?
Es bueno escuchar las voces de quienes no creen y que, sin embargo, como veremos, no le quitan, en muchos casos, valor a la significación mágica que estas fechas pueden tener, especialmente para los niños.
MDZ online habló con Pablo (45), Daniela (34) y Antonio (62), ateos declarados, para conocer cómo viven la Navidad.
Pablo tiene dos hijos, una nena de ocho años y un nene de cinco. Daniela es madre de un niño de diez años, mientras que Antonio ya es abuelo de dos niñas, una de diez años y otra de siete, y un nene de apenas tres años.
Antonio y Daniela no arman en su casa el arbolito, pero Pablo sí lo hace, aunque “sacándole la mayor cantidad de significaciones religiosas”, aclara, lo que implica que no hay al pie del pino un pesebre y en la cumbre no hay una estrella de Belén. “Por lo general, le ponemos al pinito brillos y lucecitas, pero nada religioso”, aclara, y la principal razón para armar el pino es la “magia que para los pibes hay detrás de esa cosas rara por la que van a aparecer regalos”.
Llegada la noche del 24 de diciembre, los tres, de alguna u otra manera, organizan una cena especial. “Tampoco podés apartarte de toda una sociedad que se junta para celebrar, aunque en algunas familias se caguen a piñas en esas noches”, dice, riéndose, Daniela. Antonio tiene tres hijos, pero sólo dos de ellos le han dado, hasta el momento, nietos. Antonio no crio a sus hijos en un ámbito religioso, por lo que la tradición de Navidad, para todos ellos, consiste sólo en una reunión. “Pero a veces no se dan las cenas de Navidad, porque cada año se organiza de forma distinta, así que a veces los chicos van a lo de sus suegros, y nosotros nos quedamos acá, comemos algo y después de los petardos nos acostamos”, explica.
La esposa de Pablo fue criada en el seno de una familia judía. “Eso nos ahorra una excusa”, dice Pablo, porque ellos no festejan Navidad, entonces tratan de evitar las invitaciones, especialmente Pablo, que tiene dos hermanos, uno de los cuales es muy creyente y, por lo tanto, le cae bastante mal que él no le dé mucha importancia al nacimiento de Jesús. Claro que sí hacen en la noche del 24 una cena con alguna particularidad, ponen un mantel que usan poco, sólo para ocasiones especiales, y preparan comida y postres poco habituales.
En cuanto a los regalos, todos coinciden. “¿Cómo le explicás a un pibe que hay un tipo que les regala cosas a todos y a ellos no?”, se pregunta Antonio, cuyos hijos siempre recibieron regalos, tanto para Navidad como para Reyes. “Con mi esposa siempre arreglamos para que los chicos recibieran los regalos de Navidad y de Reyes sin que eso tuviera una connotación con el nacimiento de Jesús. Me van a matar algunos, pero para nosotros tenía la misma ilusión para los chicos que la moneda que les dejaba el ratón bajo la almohada cuando se les caía un diente”, detalla el abuelo, y aclara que sus hijos han hecho cosas similares en sus familias, “ya que, por suerte, tienen esposas no creyentes también”.
“Los chicos pueden recibir regalos mágicos siempre. No es necesario que sea Navidad. Pero la cosa es que sea mágico, no tanto por el regalo en sí, que puede ser una pelota de plástico. La cosa está en que se materialice de la nada. Eso es mágico, y en la cabeza de un pibe no tiene por qué estar ligado con lo religioso. Siempre van a tener otro gustito los regalos si se los trae Papá Noel o los Reyes y no los padres o los tíos”, dice con una enorme claridad Daniela.
En tanto, para Pablo la cosa es demasiado simple. “Alguien tiene que traerles regalos a los pibes, nosotros se los damos, a veces más temprano de las doce, y otras los trae Papá Noel, pero siempre hay regalos. Eso sí, nunca los llevaríamos a ver la bajada de los Reyes esa que se hace en la noche del 5 de enero, porque hacen toda una puesta religiosa que no nos atrae”, explica.
Las fiestas de fin de año pueden tener muchas significaciones, pero no dejan de ser una oportunidad para pasar un buen momento junto a las personas que uno quiere.
Alejandro Frias