Literatura y cine: una deuda impaga de la educación formal

Dice la columnista: “Hay que levantar las banderas de una nueva cultura que remonte de la pesada crisis que atraviesan las instituciones educativas provinciales. Una cultura que lea a sus escritores, celebre a sus actores, venere a sus músicos y asista concientemente a los teatros y cines con un producto local. Una cultura que se convierta en el eje de todos los contenidos curriculares”.

En la mayoría de los institutos de formación docente, la Literatura se vincula con el cine  como parte de un plus que no está presente en los  demás espacios curriculares. En este sentido, se intenta salvar una deuda impaga,  desde hace varias décadas,  hacia los nuevos estudiantes de los niveles superiores de la  educación formal.

La literatura, sin duda, es un discurso al que es necesario acceder desde temprana edad. De este modo, los libros constituyen un valor que se atesora en las profundidades de la subjetividad humana,  ya que instauran nuevas realidades o mundos posibles.

Sin embargo, a partir de numerosas historias escritas en esos libros se han ido perfilando nuevos universos discursivos y formas de expresión artística,  entre las cuales encontramos el cine. Tal como se expone en los lineamientos curriculares de Lengua y Literatura de los colegios pre-universitarios: “la literatura se inscribe en el dominio de lo  artístico,  y como tal está  emparentada con otras artes que también poseen sus sintaxis y sus gramáticas. Obviamente,  es lícito pensar que este árbol familiar es un  espacio discursivo por donde  transitan múltiples lenguajes y escrituras las cuales entablan relaciones dialógicas cuyos contenidos y procedimientos están determinados por  relaciones socio-históricas y sus respectivas ideologías”.

Desde esta perspectiva, la historia de las relaciones entre la literatura y el cine ha sido hasta hoy tan compleja y variada como conflictiva. Pocas formas artísticas han establecido entre sí tantos contactos, intercambios y préstamos, viviendo al mismo tiempo en un clima de malentendidos y mutuos prejuicios. Por esta razón, esos contactos necesitan ser sistematizados y,  por ende,  enseñados a fin de lograr que los alumnos se contacten con las manifestaciones artísticas,  en general y con el cine, en particular.

Si entendemos que todo individuo necesita ser formado de manera integral,  es conveniente atender a todos los elementos que lo conforman: su medio social, su  familia,  su nación y,  fundamentalmente,   su patrimonio cultural. En este patrimonio se encuentran todos los bienes simbólicos los cuales configuran la propia identidad de los individuos en tanto seres sociales. Entre esos bienes,  se encuentra nuestro cine al que es necesario conocer y  apoyar desde todas las instituciones escolares.

Gabriela Massuh en su artículo sobre las industrias culturales expresa con total contundencia que  “En algunos países desarrollados, como los Estados Unidos, la producción cultural constituye una de las fuentes de ingresos más importantes. Pero,  los productos culturales no son una mercancía más: tienen un valor simbólico vinculado con la idea misma de nación y requieren de una política compleja y cierto proteccionismo económico”.

Hace poco se ha estrenado en los cines locales una película nuestra, mendocina,  escrita y dirigida por  Gaspar Gómez “Road July” en la que  se desarrolla una historia sencilla, sutil, tierna que combina el  humor con el asombro y,  siguiendo el mismo razonamiento de Massuh   es necesario aclarar que este bien simbólico, nacido en nuestra provincia,  tiene que vincularse con nosotros y tomar contacto directo con nuestros estudiantes.

Por eso, hay que levantar las banderas  de una nueva cultura  que remonte de la pesada crisis que atraviesan  las instituciones educativas provinciales. Una cultura que lea a sus escritores, celebre a sus actores, venere a sus músicos y asista concientemente a los teatros y cines con un producto local. Una cultura que se convierta en el eje de todos los contenidos curriculares.

De hecho, ¿quién dijo que todo está perdido? Aún nos queda la delicada relación entre los artistas y su público, entre los estudiantes sensibles y los docentes audaces que pretenden enseñar  el contacto del cine con la Literatura, en fin, entre  todos los que no quieren que la cultura se transforme en factor de lucro o en rédito político. Porque proteger los bienes culturales mendocinos es una manera de, al decir de Massuh,  “resguardar ese conjunto de valores indefinibles que articulan todavía nuestra identidad como país”





María Celia Párraga de Faggian es profesora de Letras y experta en temas de Educación.