Pregunta. Ahora se dedica a predicar el ayuno. ¿Y la abstinencia?
Respuesta. No es indispensable. O sea, que se puede pecar, pero no por gula.
P. Ha ido a hacer ayunoterapia reiteradamente. Como los antiguos curas: ¿cuántas veces, hijo mío?
R. Veintidós años, tres semanas cada vez.
P. ¿No tiene una relación un poco extraña con la comida, tanto ayunar?
R. Una de las buenas cosas del ayuno es que te hace descubrir lo rica que es la comida. Y no es un sacrificio, porque si no comes, no tienes digestión, y es la digestión la que provoca el hambre.