La alimentación mediterránea contra el Alzehimer

Según la Organización Mundial de la Salud, la demencia contribuye en un 11,2 por ciento a los años de vida con discapacidad en personas con más de 60 años, lo que significa más que las enfermedades cardiovasculares, el ictus y el cáncer. Se prevé que llegará a 42,3 millones en 2020 y a 81,1 millones en 2040.

De todas las causas de demencias, la que sin lugar a dudas es la mayoritaria es la Enfermedad de Alzheimer, siendo los países con mayor número de afectados China, Europa occidental y EEUU.

Se sabe que la edad, la genética y los traumatismos craneales, son factores de riesgo para el desarrollo del Alzheimer, pero sin embargo existen otros muchos factores de riesgo modificables, que afectan a la susceptibilidad de padecer la enfermedad. Entre ellos citamos por ejemplo la reserva cognitiva, es decir, factores tales como la educación, ocupación y actividades mentales, también el ejercicio físico como factor protector frente al sedentarismo, la obesidad en la edad adulta, las actividades sociales e implicación social, la ingesta de alcohol, el tabaco, y muy importante cada día que se estudia más, la Alimentación.

Entre los factores relacionados con los estilos de vida, se ha propuesto que en primera línea de defensa frente al desarrollo y progresión del deterioro cognitivo, la nutrición constituye una de las aproximaciones más interesantes, habida cuenta de que en la actualidad el tratamiento farmacológico no es muy eficaz.

Más allá del impacto potencial de alimentos o nutrientes específicos como los antioxidantes, ácidos grasos poliinsaturados omega-3 y vitaminas relacionadas con la homocisteína tales como la vitamina B12 y el folato, los patrones dietéticos permiten conocer sus posibles efectos adicionales y sinergias.

Existen diversos estudios en el caso de la epidemiología nutricional que prueban que la Alimentación Mediterránea se asocia con un descenso significativo en la mortalidad global. De forma aislada, algunos componentes de la Alimentación Mediterránea tienen efectos positivos sobre la salud cerebral. Por ejemplo, el alto consumo de frutas y verduras en la Alimentación Mediterránea tradicional aporta antioxidantes (fenólicos, principalmente), así como la presencia del aceite de oliva virgen como la grasa de adición, que aportan antioxidantes (polifenoles, vitamina E). El consumo de pescado, especialmente, y de algunos vegetales que aportan ácidos grasos omega-3 se han propuesto como protectores frente al Alzheimer.

He de manifestar que la conexión entre estos componentes dietéticos o del patrón alimentario mediterráneo y los diferentes mecanismos que se han postulado como responsables de la salud mental aún están en estudio, pero una cosa debe quedarnos clara, y es que no nos cuesta ningún esfuerzo ir cambiando nuestros hábitos alimentarios hacia este patrón que sabemos a ciencia cierta es altamente saludable.

Fuente Estrella Digital