Las deudas con Antonio Di Benedetto

Alejandro Frias pone la pluma en uno de los puntos más sensibles del entripado que Mendoza tiene con uno de sus escritores más grandes: qué se le adeuda a Di Benedetto. El autor, que dirigió Los Andes y fue torturado por la dictadura, hoy cumpliría 89 años.

Antonio Di Benedetto. Foto: www.elpais.com
Antonio Di Benedetto. Foto: www.elpais.com

En alguna mesa de conversación en la que se hablaba de Antonio Di Benedetto, Ana Villalba contó algo más que significativo: “A veces, si veía venir a alguien con quien no quería encontrarse, se cruzaba de vereda”.

No vamos a hacer enlaces forzados con sus títulos, pero Di Benedetto era un silencioso, cuentan, y a esto se sumó que, después del 24 de marzo de 1976, nunca pudo volver a ser siquiera la sombra de lo que era.

La violencia absurda que siempre combatió con sus textos fue la misma que le mutiló el espíritu, y hay quienes dicen que hasta la voluntad, y también hay quienes nunca se hicieron cargo de eso.

En el caso Di Benedetto estuvo involucrada la ceguera de los autoproclamados salvadores de la Patria , y también los traidores que nunca faltan. Y a Di Benedetto aún se le debe bastante, tanto de parte de quienes fueron responsables de su encierro (directos e indirectos, entregadores y encerradores, periodistas y burócratas) como de quienes se llenan las bocas con su nombre pero poco han hecho por recuperar su figura, y de estos hay tanto en las empresas como en el Estado.

Y una muestra de esta no voluntad hacia uno de los más grandes escritores que ha dado esta tierra se puede ver en lo sucedido con las locaciones para filmar Aballay, el hombre sin miedo, la película de Fernando Spiner basada en el cuento Aballay, de Di Benedetto. Con una inexplicable pero comprensible falta de criterio, nunca se dieron las respuestas necesarias, y esas demoras hicieron que la producción decidiera filmarla en otra provincia.

Pero esto es sólo un botón.

Atravesamos, como provincia, como país, un momento en el que los responsables de la sangre derramada y perdida en los 70 han comenzado a pagar con cárcel (real, concreta, no de mentiritas, no cárcel imaginaria) lo que hicieron. Y muchos de ellos se escudan tras enfermedades y otros motivos propios de la edad que ya tienen, una edad a la que Di Benedetto no pudo llegar, o mejor, no lo dejaron llegar, porque apenas si pasaron 10 años desde el momento en que lo secuestraron (entregaron, encerraron, derrotaron, humillaron) y su muerte.

Sin embargo, quienes fueron responsables de lo que a Di Benedetto le sucedió desde el 24 de marzo de 1976 siguen como si nada paseándose por las calles y fingiendo desconocimientos.

Como sociedad nos quedan muchas deudas hacia Antonio Di Benedetto, ese personaje duro, real, pacificador a fuerza de palabras, al que muchos, cuando ven venir, se cruzan de vereda, porque siempre ha sido más cómodo hacerse el ciego que saber que se está viendo lo inevitable.