Franco decía, dicen, o creía, dicen los que creen, que abogaba por más ociólogos y no tantos sociólogos.
Franco tenía tres epitafios, o dos.
Los repetía, dicen, o los inventaba, dicen los que inventan, en ciertas ocasiones, epifánicas.
Franco en una época siempre fue el Mario-Franco-el-del-Selectro.
Allí programaba películas que nunca se habían visto, ni siquiera en TV. Después la primavera democrática las comenzó a distribuir.
Franco era también uno de los personajes de un programa de radio, cuando la última primavera de los 80.
Y a veces era el profesor de Marmat, con el cual salían y curtían lo que también era otra primavera. Conviene citar a Deleuze y Bukowski, abrevar en Hugo del Carril, Alfredo Casero, Jauretche.
Franco un día murió. Fue aquel como el comentario dramático del mes, y para varios muchos más largo aún.
Me gustan las personas que piden por más ociólogos.
Gracias por las películas que un día existieron por tu gusto.