¡Alguien que se oponga!

La columna de Mara en una mirada exhaustiva al mundo masculino. ¿Qué pensás que extrañarías si fueras hombre? Que cada quien haga sus números a ver quién sale ganando. Mientras tanto, leé y mirá todo lo que te perdiste por ser mujer.

Cada vez que entro a algún café donde hay hombres en una mesa siento como, sin ningún pudor, ellos me escanean de arriba abajo, situación que no deja de incomodarme y, a la vez, de alimentar mi ego, pero siempre inmediatamente me doy cuenta de que hacen lo mismo con cualquier mujer que entre detrás de mí (incluyendo 3ra edad).

Sentada en mi café favorito, dispuesta a escribir, observé como una mesa de hombres transgredía todas las reglas que nosotras nos esforzamos por cumplir. Los escuché hablar de mujeres, de negocios, de fútbol, de infidelidades, de traiciones; temas por los que cualquiera de nuestro género hubiera cuchicheado y vigilado por ese extraño miedo a quedar mal.

Me distraje admirada de que ellos mantuvieran el mismo tono de voz y acompañaran la conversación con infinitos ademanes, netamente masculinos. Uau, ellos sí que eran diferentes, pensé, y así, mirándolos, caí en la cuenta de todo lo que yo me iba a perder por haber nacido mujer.

No iba nunca a saber lo que es juntarse a tomar cerveza con maní mirando indiscriminadamente a toda mujer que pasara por delante. Tampoco iba a saber lo que es dársela a todas (gorda, flaca, vieja, jóven) y hacer uso de la vieja pregunta “¿le das?”. Pucha, yo no iba a saber cómo es meter una mano dentro del calzoncillo y “acomodar” como lo hacía uno de los integrantes de la mesa. Y epa, me quedé pensando en que no iba a sentir cómo es levantarse  con una erección.

Me situé en mi condición femenina tan llena de normas y prohibiciones y sí, me dio un poquito de melancolía.

Yo voy a morir sin saber lo que es callarse lo importante para evitar todo tipo de discusión, dejando que reine el estratégico “tenés razón”. Voy a pasar por esta vida sin saber lo que es no llorar con películas románticas pero sí llegar a tener piel de gallina mirando Rocky. No sabré lo que es usar el mismo tenedor de la ensalada con vinagre para revolver el café y con una pasadita de lengua guardarlo en el cajón, bien limpito.

Pensar que nunca estaré esperando un hijo mientras hago el papel de inútil en el momento del parto. Pensar que no podré disfrutar de un bife desproporcionadamente enorme y NO compartirlo con nadie, que no divertiré a todos con mi lenguaje escatológico, que no me emborracharé y me haré íntimo de mi peor enemigo.

Pensar que no sabré lo que es estar liberado de contar calorías, que no podré  insultar a lo guarro y no sentir que quedé mal. Pensar que nunca voy a llegar a casa a tirarme en el sillón esperando que la comida esté lista.

No voy a ser sobrevalorada inexplicablemente por alguna hija, no sabré lo que es no ser cuestionada por cómo manejo, no sabré lo que es hacer pis en cualquier lado y no podré lavarme el pelo con cualquier shampoo (incluido Plusbelle).

Ahh, qué lástima que no sentiré lo que es agonizar con 37° de fiebre. ¿Cómo será eso? No sabré lo que es memorizar una frase matadora para que luego al momento de usarla mi mente se quede en blanco. No estaré desinteresada por lo que dijeron de mí y no podré dar por terminado un tema sin que me zumbe su rediscusión en la cabeza.

No sabré lo que es que nadie espere un consejo mío, no sabré lo que es no opinar sobre un tema cuando realmente no sé.

Jamás sabré lo que se siente calzar más de 39 y que eso esté bien visto. Que una nariz grande sea considerada sexy. No voy a poder irme de noche sin tener que dejar todo organizado. Y nunca, nunca voy a saber lo que es no tener culpa.

Pensar que voy a morir sin saber lo que se siente al introducir una parte de mi cuerpo…que no podré salir con dos a la vez y contarlo, que no sabré lo que es no estar expuesta al juicio de valor de mis amigas.

No voy a saber lo que es estar lista para salir en 3 minutos, ni lo que se siente llegando con un minón a una fiesta. No gozaré del beneficio de ser catalogada de sexy por cocinar bien.

Mientras los muchachos seguían en el café  yo quedé atrapada mirando sus movimientos, su manera de divertirse y la increíble comodidad con la que permanecían allí. Sí, me mató pensar que jamás iba a saber cómo es eso de sentarse sin ningún complejo mientras  los kilos de panza se desparraman  a gusto y piacere.

¡Ay, pensar que estoy condenada a los shorts y pareos en la playa!, a ocultar lo mejor que pueda mis vicios, a justificar mi desorden. Pensar que jamás sabré lo que es trabajar sin culpa por todo lo que dejé en casa sin hacer, ni sabré nunca qué se siente haciendo una sola cosa a la vez.

Claramente no seré “aplaudida” por prender un poco de fuego,  no sabré como es eso de tenerla más larga y ni hablar de que no experimentaré lo que es acabar el 98% de las veces.

Hundida en mi propia silla entendí que no iba a saber nunca lo que se siente al pasar el día 28 como si fuera cualquier otro del mes. Ni iba a experimentar no ser esclava de algo dulce a diario.

No, nunca iba a saber…

Y qué pena, jamás podré cagarme a trompadas con nadie… Será en la próxima vida.