Acomienzos de enero, Chile pasa por el trámite de las pruebas de selección universitaria (PSU), las cuales por un lado, permiten a las distintas universidades seleccionar a sus estudiantes y, por otro lado, hacen posible evaluar la calidad de los colegios secundarios y juzgar el estado de la educación en el país. En la Argentina no existe nada parecido. Hace décadas, decidimos que nadie ni nada debe ser evaluado en nuestro país, que la calidad no importa. Ahora, hasta cuestionamos el indicador internacional PISA; el mundo entero lo considera aceptable y confiable, nosotros no. Ningún indicador es perfecto, ni siquiera el PISA, desde luego. Tampoco parece perfecto el PSU chileno; pero es mejor que nada. Los indicadores son un camino para medir aspectos de la realidad, no la realidad misma. Si las cosas andan mal no es por los instrumentos para medirla; con o sin ellos, seguirán mal hasta que se haga algo para mejorarlas.
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