De Policías... a Chorros en acción

Se preguntó alguna vez el lector la utilidad de un periodismo que no deja de transmitir imágenes o coberturas de asesinatos, crímenes, muertes y accidentes de cualquier índole? En la Argentina pulula la idea de que el periodismo debe informar por informar. Ausente de la sociedad está el debate de la calidad del periodismo nacional y la esencia de tan fundamental actividad: informar siempre con la finalidad de acercar y hallar soluciones a determinada problemática o flagelo. A propósito, nos centraremos brevemente en la cuestión de la inseguridad. Los programas periodísticos y sus conductores no hacen sino repetir hasta el cansancio –si es con lujo de detalle mucho mejor, incluso a extremos morbosos– los pormenores de cómo fue secuestrada o violada tal o cual víctima, o la cantidad de puñaladas y en qué parte del cuerpo le asestó el asesino, etcétera. En esto se basa el grueso del volumen informativo recibido a diario, sin que medie ningún horario de protección al menor (ni al mayor, porque como adultos no estamos inmunes a los perjuicios generados por la exposición a la violencia mediática). ¿Por qué los grandes medios en la Argentina se empeñan en bombardearnos día y noche con este tipo de informes? ¿Cuál es el sentido? ¿Atemorizarnos? Dejamos las respuestas a criterio del lector. Por nuestra parte, aportamos la siguiente denuncia: la imperante modalidad periodística irresponsable y sensacionalista antes descripta no sólo no beneficia a la sociedad (beneficio = cuando la información genera un impacto positivo en la población) sino que además y paradójicamente beneficia al propio malviviente, al criminal. Permítanos el lector graficarle el porqué de esta afirmación con una suerte de ejercicio teatral, aunque como suele decirse, basado en hechos reales.

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