Ser solo y elegir llevarlo por la vida como un slogan y no como una discapacidad no es sencillo. Que el pote familiar termine sacando hongos en la heladera, que la cena con amigos siempre tenga un plato impar y que se rumoree que “si a esta edad está sola/o por algún lado debe perder aceite”, no es para cualquiera. Pero si ya existen los fundamentalistas del ser single es porque, desde este lado del mostrador, hay pocos deseos de preguntar “¿cómo fue tu día, amor?”, de negociar espacios que bastante costó reconquistar, de dormir con alguien pero abrazado de nadie y de pagar caro lo que queda disponible en el mercado del usado.
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Estar soltero está de moda
Hoy la soltería es una elección, cruza todas las edades y hasta está bien vista. Lejos de la estigmatización, el marketing del “soy solo” crece.