Crudo testimonio de un esclavo rural

Un trabajador denunció las pauperrimas condiciones laborales que sufrió junto a otro grupo de personas en una estancia de la localidad bonaerense de San Pedro.

Un trabajador rural realizó fuertes denuncias.
Un trabajador rural realizó fuertes denuncias.

Un trabajador rural denunció hoy que fueron tratados como “esclavos y obligados a beber agua servida” en una estancia de la localidad bonaerense de San Pedro.

“Nos trataron como esclavos, nos llevaron el 30 de diciembre en un colectivo de la empresa Crucero del Norte y apenas llegamos a la estancia “La Esperanza”, nos comenzaron a hacer trabajar en la deforestación”, dijo Marco Molina, de 32 años, diabético dependiente de insulina.

El trabajador “golondrina”, que tiene a su mujer embarazada de tres meses y hace 10 años que no consigue trabajo, comentó que “durante dos días nos tuvieron sin comer y luego nos habilitaban 25 pesos diarios por persona, que sólo alcanzaba para cocinar un guiso o un estofado”.

“Dormíamos en carpas, no teníamos heladera para guardar alimentos, tampoco baños y nos debíamos bañar e higienizarnos en medio del campo”, añadió.

Molina relató que al momento de alimentarse o descansar “nos veíamos obligados a sentarnos en bidones, en los que también recogíamos el agua servida para beber, algunos con restos de herbicidas”.

“Entre los trabajadores rurales, había muchos menores de 16 y 17 años, algunos con sus familiares, como en mi caso, que viajé a trabajar con mi hermano”, agregó.

Sobre las condiciones acordadas para desarrollar sus tareas en el campo de San Pedro, Molina dijo que “primero se negaron a pagarnos, luego intervino el gremio y ofrecían 870 pesos por una semana y 1.100 pesos por 20 días, dinero que finalmente nos dieron antes de regresar”.

“Hicimos más de mil kilómetros en la búsqueda de un trabajo digno, que nos permita mantener a nuestras familias y miren cómo nos pagaron, tratándonos como a esclavos, sin ningún tipo de contemplaciones humanas”, reflexionó.

Sobre el reclutamiento de los trabajadores rurales, Molina recordó que “existen intermediarios que se encargan de juntar a la gente, en este caso en la ciudad de Loreto”, población rural distante a 60 kilómetros al sur de la capital santiagueña.

“No quiero sufrir más un engaño, soy enfermo y obligado a trabajar para llevar comida a mi casa y es inhumano tratar y engañar así a la gente”, concluyó el humilde obrero que vive en el 2do Pasaje del barrio Mosconi.