Estamos tan inmersos en la vorágine diaria tratando de llegar, la mayoría de las veces, no se sabe bien a dónde, que nos olvidamos de amarnos, de mirarnos con amor; ese amor incondicional que nos eleva a lo mejor de nosotros mismos.
Después de leer esto, Ud. me dirá: sí, pero se corre el riesgo de terminar desarrollando un gran egoísmo, un narcisismo temible si yo soy el eje del amor; y además agregará: lo importante es brindar todo el amor posible a los demás, ese es el camino.
Amar a los demás y brindarnos amorosamente es uno de los grandes alimentos del alma, que nos potencia, nos da vida y nos enaltece. Pero con cuánto amor puedo contar para dar, si antes que nada, no pienso en mí y en el amor que me debo a mí mismo para poder, entonces, ser aquel que pueda amar verdaderamente y brindarme al otro con amor; para seguir bien, con entereza, siendo uno mismo y viviendo en plenitud.
Soñamos con ser amados, luchamos para ser amados y para eso buscamos la felicidad y el reconocimiento, pensando que los podemos encontrar (siguiendo el camino de las búsquedas eternas). Aquellas que brillan y nos seducen, a veces por corto tiempo y a veces por casi toda la vida y, que cuando llegamos y cuando el objetivo se logra, vemos muchas veces con gran desilusión que no era… no era eso lo que encerraba la felicidad y quizás tampoco, el amor buscado.
Entonces nos sacuden los dolores, las pérdidas, la… edad y nos preguntamos: ¿Dónde está el secreto?, ¿ Por qué nunca llego?, ¿Por qué se me escapa la alegría y lo que parecía ser… no es y lo que debía estar… no está y quienes debían acompañarme... se fueron o no me miran con el amor deseado?
Y acá surge otro gran interrogante: ¿Qué sucedió?, ¿ Por qué no resultó como lo imaginaba ?
Es allí cuando llega nuevamente el minuto crucial, el encuentro de caminos, una nueva elección y repito la fórmula, la de siempre: ……….. allá…….. allá está la FELICIDAD. Allá está el AMOR!!!! Y salgo corriendo en su búsqueda. SI!!! No me detengan, lo sé… ya tengo claro cómo seguir y voy nuevamente por eso llamado Felicidad, Reconocimiento, Aprobación, Alegría, Deber ser………. no sé; mil formas tengo para nombrarlo, pero en realidad, no es otra cosa que la búsqueda de amor, no es otra cosa que lograr ser amados.
Pero aquí es cuando pienso -y me gustaría lo pueda reflexionar conmigo- que tenemos nuestro PRIMER DESAFIO: el que nos puede permitir hacer una mejor elección. ¿Cuál es? El de AMARNOS. Sí !!!!!!, así con mayúsculas, sabiendo que no somos perfectos y aceptando nuestras limitaciones, sin juzgarnos impiadosamente; pues siempre… siempre, en mayor o menor medida, tenemos la oportunidad de superarnos y crecer en el amor a nosotros.
Amarse es esencial; creo, es el punto de partida para cualquier otro destino. Es el encuentro con ese otro, que anida en nuestro interior y que nos pide a gritos ser amado, reconocido, aceptado y honrado en el respeto de la aceptación del amor.
Lo dicen las santas escrituras: “ama a tu prójimo como a tí mismo”, y entonces me pregunto, ¿Qué clase de amor podemos dar a los demás si no sabemos amarnos a nosotros mismos intensamente?, ¿ Qué amor podemos dar al prójimo, si no sentimos, primero que nada, verdadero amor por nosotros, por lo que somos, aún sabiendo de nuestras limitaciones, de nuestras heridas, de nuestros errores?
Por eso lo invito a atreverse a este gran desafío que es AMARSE, a encontrarse con todo lo bueno y lo NO tan bueno de Ud., pero con amor, haciendo un pacto honesto y amoroso con uno mismo para poder así crecer y salir a encontrarse con un mundo más pleno y armónico, que permita mayores momentos de Felicidad y muchos y grandes encuentros de AMOR.