Héctor tiene 67 años y, de no haber llegado al país una nueva tecnología para pacientes que necesitan un trasplante hepático urgente, no podría haber mantenido la esperanza de sobreponerse a una descompensación grave debido a una cirrosis causada por el virus de la hepatitis C.
En su caso, una sola sesión de tratamiento con un hígado artificial extracorpóreo, que reemplaza las funciones hepática y renal, fue suficiente para "limpiar" su sangre de las toxinas y otras sustancias dañinas que el hígado y el riñón ya no podían eliminar. Y esto le permitió el tiempo de espera hasta que recibió el trasplante del nuevo órgano en el Hospital Italiano.
"Podemos decir que Héctor hoy vive gracias a esta máquina, que elimina todas las toxinas nocivas para el propio hígado, el riñón, los pulmones, el corazón y el cerebro, que se acumulan en pacientes con falla hepática grave. Además, pudimos mejorar la calidad de su salud y esperar más tranquilos el órgano necesario para el trasplante", explicó ayer a LA NACION el doctor Adrián Gadano, jefe de la Sección Hepatología y Trasplante Hepático del Italiano.
Aunque comúnmente se lo conoce como hígado artificial, este nuevo sistema llamado Prometheus reemplaza transitoriamente el trabajo que habitualmente realizan el hígado y los riñones para mantener al organismo libre de sustancias desechables como los ácidos biliares (ayudan a eliminar el colesterol), la bilirrubina y otras toxinas.
Cuando Héctor llegó al hospital el 20 de agosto pasado, derivado del Hospital Churruca, la cirrosis le había reducido al 20% la función hepática y su estado general tenía mal pronóstico.
El paciente tenía muy poco tiempo de vida y estaba en lista de espera para el trasplante -recordó Gadano-. Pero estaba tan grave que, a la vez, no podía trasplantarse."
En el Italiano, la indicación de utilizar el sistema fue inmediata en la Unidad de Diálisis de Fresenius Medical Care, la empresa que creó Prometheus.