Relato de un vecino que vio a Guadalupe torturada

Un vecino de la vivienda donde fue encontrada la niña mendocina muerta relató a la Justicia de San Luis haber visto a la niña "hecha un ovillo de carne y huesos, acurrucada en el rincón del patio sucio y desordenado". Aquí la historia recogida por el Diario La República.

Le mujer de Miguel Ángel Riquelme al momento de su detención.
Le mujer de Miguel Ángel Riquelme al momento de su detención.

Guadalupe Di Falco, la mendocina que cuatro años que apareció muerta en una vivienda en la Ciudad de San Luis y cuya historia ha repercutido muy fuerte en esa provincia, fue vista en sus últimos días por un vecino quien relató parte de la tragedia que vivió la pequeña.

Por el caso en San Luis están detenidos Miguel Ángel Riquelme y Dora Videla, quienes habrían sometido a fortísimas torturas a la niña Guadalupe Di Falco.

A continuación el texto completo de lo recogido por el Diario La República de San Luis:

Hallan muerta a una niña de cuatro años

Lo que un vecino vio y después contó a la Policía puede haber sido el último de los castigos que azotó la existencia de Guadalupe Di Falco. Fue el domingo a la mañana, entre las 10 y las 11. Bajo el cielo plomizo, el hombre vio a la nena de cuatro años hecha casi un ovillo de carne y huesos, acurrucada en alguno de los rincones del patio sucio y desordenado. Fue tal vez una penitencia a la que fue sometida, quizás un gesto de miedo, o tal vez ambas cosas. Vestía ropas livianas, no las suficientes para una mañana de aire fresco que amenazaba con un chaparrón. Y estaba tapada con una colcha como la que los investigadores después secuestraron para pericias.

Aquello que el vecino vio bien pudo ser el cuadro de lo que precedió o sucedió a la golpiza final, la última de aquéllas que soportaba desde hace meses. Y fue terminante, porque las contusiones que tenía en la cabeza le causaron un edema cerebral que la llevó a la muerte. Pero eso se podría haber evitado, y no sólo sin los golpes.

“Si hubiera tenido atención médica, la nena se salvaba”, aseguró categórico Ricardo Torres, uno de los dos forenses que practicó la autopsia. Después del estudio, el cuerpito quedó en una cámara de la morgue, a la espera de la aparición de algún familiar. Hasta el mediodía la madre de la nena, una alternadora que la había dejado en la casa de una pareja allegada, no había sido ubicada.

Por esa desidia extrema y porque hay fuertes sospechas de que Miguel Angel Riquelme y Dora Videla marcaron el último tramo de la vida de Guadalupe con maltratos, la Policía los detuvo y les imputó el homicidio. Ahora, esa pareja que siguió con indiferencia cada paso del procedimiento policial en su casa espera en distintas comisarías para ser indagados.
La historia de la sistemática violencia ejercida quedó escrita, a sangre y moretones, en ese cuerpo que ya en vida era flagelado porque no le daban de comer, o no recibía los alimentos suficientes.

El forense lo corroboró: aseguró que tenía bajo peso e indicios de mala nutrición e hidratación. En partes de la cabeza le habían arrancado mechones de cabello rubio. Y en esos sectores era visible la sarna, para más ejemplo de falta de cuidados y de higiene. Además de múltiples excoriaciones y golpes de puño, la pequeña presentaba quemaduras, algunas contemporáneas a la muerte y otras de vieja data. “Están en los dorsos de las manos, son redondeadas. Algunas ya estaban cicatrizadas y había otras más nuevas”, describió.

En las aletas de la nariz tenía una lesión terebrante (deformante) que literalmente había “comido” los tejidos por reiteradas quemaduras y golpes. Presentaba lesiones y una gran inflamación en el labio, hematomas en la frente y el ojo izquierdo estaba desfigurado, con una hemorragia conjuntival.

La cabeza de Guadalupe recibió el embate de entre seis y siete golpes (los investigadores estimaron que podrían haber sido efectuados con un elemento romo, como un palo y buscaban algo así) que le ocasionaron las contusiones.

El forense descartó la presencia de fracturas y de hundimientos en el cráneo, lesiones en los codos y también signos de penetración en la zona vaginal y anal, aunque la Policía había referido sospechas de esas heridas y de violación.

Por el grado de rigidez que tenía el cadáver, el forense calculó que al momento del examen la pequeña ya llevaba un día muerta. Estimó que murió después del mediodía pero la Policía recibió el aviso cerca de las 16. En el mismo patio donde el vecino dijo haber visto a la nena hay un tacho de 200 litros que, según cree la Policía, fue una herramienta más de tortura: suponen que allí era sumergida con frecuencia, con agua adentro.
Para el jefe de la división que tomó el caso, comisario Hernán Soloa, todos los indicios enmarcan el hecho “en un cuadro de violencia dentro el ámbito intrafamiliar”.

Por ahora, nada indica que ni antes ni la mañana de la paliza haya participado otra persona que no fuera del entorno cercano. Lo de “familiar” es una consideración relativamente válida, ya que la nena, en verdad, no tenía vínculo de sangre ni con los otros seis niños que habitaban en la casa ni con Riquelme y Videla.

La pareja se había hecho cargo de la nena hace un año aproximadamente, cuando su madre, Débora Catalina Di Falco, la dejó.
En la casa hallaron hasta la libreta de salud y el documento de la menor. Ayer, mientras algunos policías realizaban una segunda inspección en la casa con mejores condiciones de luz natural, otros seguían buscado a esa mujer.