Las llamadas fiestas de carnaval, de índole netamente popular, están entroncadas con las celebraciones más importantes de la historia humana: entre ellas, las de la cosecha en general, las basáricas o dionisíacas griegas, las bacanales romanas, las mayas, las de la Pachamama como el Intiraymi, la judía de la Siega, la de los Tabernáculos, la de Oriente e India...
Tienen todas objetivos comunes: el agradecimiento y la unión. Ya se ha dicho: es el momento en el que, gracias a las máscaras de cada uno, somos todos iguales: “Hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano, bailan y se dan la mano, sin importarles la facha”, pinta la canción.
Estas fiestas, ni más ni menos, dieron origen al arte: una de las manifestaciones –quizás la más alta– de la humanidad.
Por eso, si vuelven los feriados del carnaval, estaremos frente a una noticia, otra vez, de esas que hay que aplaudir de pie, hasta que las manos se pongan rojas. Y después participar: porque el carnaval es de todos, es popular. Y algo más: ni los infames protagonistas de la ominosa Dictadura ni el vaciamiento cultural que estimuló el menemismo consiguieron quitarnos esa sonrisa.
El carnaval ha vivido momentos de agonía, pero nunca murió, allí en los barrios, donde nunca faltó el balde de agua para la chaya y las máscaras para la noche.
Cultura popular
“El proyecto es un reconocimiento de la memoria popular. Estas son fiestas son para unir a la familia y para unir los barrios. Y es una lucha de muchos años de la gente que labura por la cultura popular”, inicia Christian Yunes, de la murga Baldosas Flojas, que viene trabajando y mucho, desde hace años, junto a decenas de organizaciones de la cultura popular, para que el carnaval vuelva.
Si algo destaca al concepto de cultura que se pone en juego (al fin, se trata de eso) es que es popular, artístico participativo, gratuito y alegre. Demasiados adjetivos bellos en torno a una celebración secular.
“Acá no se trata de pagar para expresarse o ver como otros se expresan. No son fiestas de boliche y un gran espacio para el desarrollo de la cultura popular. El carnaval involucra a actores, murgueros, titiriteros, músicos. Por eso, que la presidente impulse el proyecto nos llena de alegría, porque es una consecuencia esperada y una larga lucha del movimiento murguero. De hecho, la murga creció junto con la intención de recuperación del carnaval”, finaliza Yunes.
Eugenia Moreno toca la flauta traversa, es docente e integrante de la murga de mujeres estilo uruguayo “La Mascarada” y del “Eduardo Pinto Ensamble”.
Nos dice: “Es una alegría enorme ver que el carnaval vuelve a recuperarse desde los ámbitos oficiales. Y ha resultado emocionante ver cómo se unieron los barrios y las murgas tanto de estilo rioplatense, como la de estilo uruguayo. La lucha que nos unió fue el carnaval y se hicieron muchas actividades para lograrlo. Estamos felices”, concluye.
El carnaval de todos
Hay un comentario promovido por algunos que juzgamos como desacertado: que recuperar estos feriados (anulados por la Dictadura Militar) favorece solamente a los “ricos que pueden viajar”.
Más allá del enorme rescate cultural que supone promover estas fiestas, hay que decir que cuando hay feriados largos, no sólo viajan y disfrutan “los ricos”, sino millones de argentinos que no lo son y que promueven la actividad económica de manera generalizada.
De hecho, Mendoza los tendrá el lunes y el martes posterior al fin de semana central de la Fiesta Nacional de la Vendimia. Seguramente, con estos feriados serán muchos más los millones de pesos que se gastarán en la provincia en gastronomía, hotelería, transportes y comercio en general.
Así sigue la cosa: la presidenta Cristina Fernández ha prometido que, en breve, enviará al Congreso una Ley de Reordenamiento de Feriados, en el que consta el feriado carnavalero. La cultura popular (la más generosa de las culturas) terminará de estar de fiesta, cuando el proyecto se apruebe y el arte de todos se vuelva a reinventar.