Increíbles ensayos sobre la crueldad humana

Una señorita europea ahoga en un río cinco perros recién nacidos. Una señora inglesa deja encerrado un gato en un contenedor de basura. En una tienda de mascotas mendocina, se hacina a tristes catas en una pequeña jaula. ¿Qué nos está pasando? Mirá los desgarradores videos y decinos qué opinás al respecto.

Una joven ahoga varios perritos, en Europa.
Una joven ahoga varios perritos, en Europa.

Cuando uno se vuelve viejo sin mayor elegancia, tal mi caso, causa tremendo impacto comprobar que, a pesar de todo, hay ciertos seres dispuestos a dispensarte su cariño.

Uno, que usó y abusó de la tersura de la propia piel dorada y la tensión del músculo en los cien metros llanos, de pronto se encuentra con las facturas que el tiempo le pasa a las masas musculares, a la añorada cintura, a la cabellera al viento, al toro de la entrepierna, al precisión de la mirada y a la eficacia de los molares posteriores.

Es la vejez, amigos, con sus profundos saberes que nadie quiere oír y con sus ramos de flores marchitas en el balcón anochecido de aquel primer amor.

De pronto, envejecimos: ¿cómo es posible, entonces, que nuestras compañeras nos miren aún a los ojos, los hijos nos dejen indefensos con sus abrazos y los chocos nos sigan moviendo la cola, como si acaso fuese hermosa nuestra desgraciada presencia?

Por hoy, dejemos de lado humanas presencias y detengámonos en nuestras mascotas: ¿hay algo más hermoso que, por ejemplo, mis dos chocos, indocumentados los vagos, pero insoportables en eso de agradecer doscientas veces por día que los haya sacado de la calle?

Les digo ahora a mis perros, Reberto y Milú, siguiendo la línea del gran poema Altazor, de don Vicente Huidobro: ¿irían a ser mudos que Dios le dio esos ojos?

En el mismo instante que uno se entrega a esta amorosa evidencia, hay hijos de puta por ahí llevando a cabo toda clase de canalladas contra los bichos.

Metámonos en tema, antes de que envejezca el día.



¿Para qué tanto lío?



Hace unos días, una mujer en Inglaterra, Mary Bale (foto), se ganó el odio internacional, al ser filmada arrojando a un contenedor de basura a un gato doméstico.

La señora, empleada de un banco, se acercó al gatito, lo acarició, miró para uno y otro lado de calle y, luego, lo tiró dentro de un tacho hermético con basura, donde fue encontrado quince horas después por sus dueños, a quienes llegaron las imágenes en video.

Este es el video, subido a Youtube por los dueños del infortunado gatito:





Una vez conocidas las imágenes, la vida de doña Bale se transformó en un infierno: miles y miles la insultaron, algunos la persiguieron y hasta no faltaron los que pidieron que fuera despedida o asesinada. Aquí, la respuesta de la mujer:

- ¿Por qué tanto lío? Sólo es  un gato.

Hay otro caso, también primer mundista y aún más terrible. Se trata de una señorita, una rubia guapísima que aparece en un video tirando perritos recién nacidos a un torrentoso río aparentemente de Croacia, aunque difundido por el diario inglés Daily Mail.

¿Creían que habían visto todo? Miren esto, entonces, con el volumen alto para oír los gritos de los cachorritos segundos antes de morir.




El asunto no termina acá: la siguiente imagen corresponde a Godoy Cruz, Mendoza, precisamente en una tienda de mascotas del hipermercado “Libertad”, donde una bandada de catas es hacinada en una jaula pequeñísima:





Para llorar o putear



Los casos de los perritos y el del gato han conmocionado a la comunidad internacional. De hecho, el portavoz de PETA (People for the Ethical Treatment of Animals), una organización dedicada a promover los derechos de los animales ha sido concluyente respecto de la chica que mató a los perritos: “PETA se informa a diario de casos similares de crueldad hacia los animales. Los sitios de intercambio de vídeos, lamentablemente, han permitido darse a conocer a varias personas indiferentes a la crueldad que infligen a los animales. Nos estamos asegurando de que los activistas locales en Croacia sean conscientes de esta horrible situación".

Este que escribe asegura que, para llegar a su hogar en el piedemonte, transita una calle solitaria, muy elegida por imbéciles en autos caros y también en baratos, para abandonar perritos de todo porte y ralea. Por suerte existen también personas dispuestas a adoptarlos y organizaciones dedicadas a encontrarles nuevos hogares, pero no a todos.

En fin, debe ser la vejez: uno se pone viejo y se va poniendo choto también. Escuchar los quejidos de los animalitos, es para llorar o putear, pero también para llevar a la justicia a los culpables.

Y también para preguntarse hasta qué punto es lícito someter al reino animal a los dictados de la explotación mercantil.

Alguna verdad profunda debe esconder aquellos animales que no aceptarán jamás la domesticación que les proponemos.

El perro y el gato nos tienen como amigos favoritos, pero nosotros no somos amigos de nadie.