Canción de amor para los brazos tendidos

El mundo moderno dejó de ser de las personas y ahora es de las leyes del mercado: lo tuyo es mío y lo mío es mío. Nadie llamado a ocuparse de los demás llegará muy lejos: antes de que anochezca, será soslayado o tal vez sacrificado en nombre de la justicia. ¿Cómo es posible, entonces, que la solidaridad, ese espejo para verse en el otro, aún no se haya extinguido? Mendoza, por suerte, aún da ejemplos nutritivos.

“Este camino
Nadie ya lo recorre
Salvo el crepúsculo”
Haiku de Matsuo Basho
(traducción de Octavio Paz) 




El mundo moderno no ha sido diseñado para los héroes y tampoco para los santos. Tal vez desde el arribo de la  Revolución Industrial o tal vez desde siempre, el caso es que las leyes son difusas, sencillamente porque el mundo dejó de ser nuestro.

Un chico como San Francisco de Asís, arrojando su fortuna por la ventana de su castillo o un asceta como el poeta y maestro zen Matsuo Basho configurarían, en la actualidad, un franco atentado al orden social.

¿Cómo es posible que, como Francisco, se renuncie a la propiedad privada y a las alturas de una sangre noble para seguir los pasos de un ignoto pescador o carpintero judío con una sola túnica? ¿Cómo es posible entregarse a las experiencias poéticas y religiosas en un solo cuerpo y levantar desde allí, como Matsuo, el discurso de la intemperie y el retorno de las estaciones?

El mundo moderno dejó de ser de las personas y ahora es de las leyes del mercado: lo tuyo es mío y lo mío es mío, ordenan las corporaciones que manejan el planeta. Nadie llamado a entregarse por el resto llegará muy lejos: antes de que anochezca, será sacrificado en nombre de la justicia y dos años después tendrá su propia película.

¿Cómo es posible, entonces, que la solidaridad aún no se haya extinguido? A pesar de todo, en este clima de atentados en pantallas de plasma, seguimos viendo gente que ayuda a otra gente. Sobre todo, seguimos viendo gente que, sin tener mucho más que lo necesario para sí, elige ayudar a otros.

La solidaridad: ese espejo para verse en el otro, esa cuerda tendida entre dos partes de lo mismo; un ejercicio necesario no sólo para dar una mano al que pueda necesitarlo, sino también para asumir, en definitiva, un compromiso: todos estamos a bordo de la misma deriva y, si no hacemos algo, boleta seremos todos.

“Exaltar el amor entraña una provocación, un desafío al mundo moderno, pues es algo que escapa al análisis y que constituye una excepción inclasificable… en el siglo XIX se convierte en un reto a la sociedad, una rebelión y un acto consagrado por la luz ambigua de lo maldito”, escribe Octavio Paz en su maravilloso libro “El arco y la lira”.

El amor es un escándalo social y la solidaridad, una de sus armas de destrucción masiva, si su aplicación no resulta aislada ni es inspirada por el márqueting o la figuración política. Y algo más: si su ejercicio no es mero bálsamo, sino que provoca cambios sustanciales en sus protagonistas.

El solidario no quiere nada para sí, apenas anhela ponerse en el lugar del otro.



Decenas, cientos y miles



“En medio del campo,
Sin apego de ningún tipo,
Canta la alondra”
Matsuo Basho.



Hace días atrás, a raíz de los festejos por “El Día del Niño”, se llevaron adelante en Mendoza numerosos operativos destinados a que miles de chicos sin posibilidades tuvieras sus festejos.

Aclaremos algo, por si las moscas: la responsabilidad del Estado en el diseño y ejecución de las políticas sociales es indelegable. Aún con una gestión eficaz, los actos solidarios seguirán siendo necesiarios, no sólo para el ayudado, sino también para el que ayuda.

Lamentablemente, no podremos consignar aquí a todas las personas que ejecutaron actos solidarios y sólo nos detendremos, a modo de ejemplo, en un par, aquellos de los que recibimos fotos e información, pues contaron con nuestra participación previa con notas que generaron actividades y donaciones. Sin embargo, ha de quedar en claro que por decenas de barrios, cientos de personas se solidarizaron con decenas de miles de chicos.

Por un lado, citemos a la familia Casas, en particular a Gonzalo, quien coordinó grupos de personas que reunieron donaciones y, a bordo de una colorida caravana, concretaron festejos en el barrio Alto Cimalco, del oeste de Godoy Cruz, en el hospital “Domingo Sícoli”, de Lavalle y el comedor comunitario de Las Heras “Dios te bendiga”, de Nélida Peña.

¿Cómo lo hicieron? Pidiendo colaboraciones a amigos, a amigos de amigos y formando un grupo en Facebook. Gracias a ellos, cientos de niños la pasaron genial ese día.

Ahora, Gonzalo, su hermana Marcela y sus amigos están juntando cajas de leche y bolsas de azúcar para comedores del Gran Mendoza. Si tenés ganas de sumarte con tu aporte, llamá al 156320369 y podrás poner tu granito de arena, tu cajita de leche y tu kilo de azúcar.

Otro caso a citar es el de los López, dos familias de Gutiérrez que organizaron una maravillosa caravana de 50 familias que, el domingo del “Día del Niño” llegó hasta el desierto lavallino.

Llevaron un rico chocolate, hamburguesas, postres y yogures (valga el chivo: cedidos en buena parte por Atilra, el sindicato de los choferes, quienes llevaron un tremendo camión refrigerado para que no se rompiera la cadena de frío).

Hubo también cuatro peloteros, metegoles, juegos didácticos, fútbol, un rincón del arte y la literatura, maquillaje artístico, actuación de payasos, un grupo de música compuesto por niños, títeres gigantes de Giraluna y hasta un circuito de cuatriciclos.

Ni hablar de los juguetes, porque entregaron varios cientos. Y más: cada uno de ellos se fue con un par de zapatillas nuevo y hasta hubo un sorteo de nueve bicicletas nuevas.

Los López quieren agradecer a Atilra, Andesmar, Ampil (Asociación Mutual Personal Industria Lechera), Transportes Andreu, aguas Danone y Di Marco, Handtech Tecnología, Grupo Cruz Negra, Masterfood, empleados de Fecovita, Arte de vivir (bicicletas), Renaciendo en conciencia, Grupo Lucha Antigranizo, empleados Clínica de Ojos, empleados Poder Judicial, colegios Santa Clara, Rieles, Gabrielli y Santa María de los Ángeles y decenas de particulares



Milagro



“¡Ah, la lluvia de primavera!
Las gotas de agua recorren
los árboles hasta abajo”.
Matsuo Basho.


Vámonos despidiendo con Octavio Paz: “El amor es simultánea revelación del ser y de la nada. No es una revelación pasiva, algo que se hace y deshace ante nuestros ojos, como una representación teatral, sino algo en lo que nosotros participamos, algo que nosotros nos hacemos: el amor es creación del ser. Y ese ser es el nuestro. Nosotros mismos nos aniquilamos al crearnos y nos creamos al aniquilarnos”.

A lo mejor, el tipo tiene razón y este asunto de la solidaridad se trata nada más que de esto: reinventarse en el otro. De ser así, he aquí una buena explicación de este milagro.

Y a vos, ¿qué te parece..?