Educación: el Titanic se hunde

Un lector da sus impresiones: "Los Directores de las escuelas están autorizados a dar trabajo como maestros, a estudiantes que adeuden hasta 5 materias. ¿Quién permitiría que a su hijo lo operara un estudiante de medicina a quien le faltan 5 materias para finalizar su carrera? Esa es la importancia que se le da a la educación".

La escuela pública está a punto de desaparecer por falta de maestros.

Todos sabemos que no se presentan maestros en los ofrecimientos de suplencias.

Esta situación obedece, simplemente, a que los docentes que salen del sistema (renuncia, muerte, jubilación) son más que los que podrían ingresar para reemplazarlos. Es así. Basta verificar la proyección de los futuros egresados y cotejar esta cifra con quienes dejan el sistema.

Todo esto sin tener en cuenta los y las estudiantes que manifiestan que no trabajarán en la docencia, sino en otro trabajo.

¿Que será de la educación con una escuela sin educadores?

Actualmente, los Directores de las escuelas están autorizados a dar trabajo como maestros, a estudiantes que adeuden hasta cinco materias para finalizar sus estudios. Ni así se pueden cubrir las vacantes.

¿Quién permitiría, por ejemplo, que a su hijo lo operara un estudiante de medicina a quien le faltan cinco materias para finalizar su carrera? Esa es la importancia que se le da a la educación. Se debería tener en cuenta que se viene la noche educativa.

Agrava la situación, sin duda, la desvaloración social que sufre la escuela, fogoneada por los medios e ignorada por los conductores de la educación. Nadie quiere padecer tanta exposición pública por tan poco salario. Nadie quiere vender su sangre. La situación se viene agravando desde hace varios años, pero se ha ido disimulando al permitir que se utilizara el "colchoncito" del doble turno. A casi nadie escapa, como directivo escolar o como padre, que un maestro que trabaja el doble, rinde la mitad. Así, maestros cansados, desanimados, agobiados, asisten sin la debida energía a la escuela, disminuyendo su rendimiento y, en consecuencia, impartiendo una educación de menor calidad. Pero, mientras tanto, se disimula el verdadero problema.

Los docentes con posibilidad de trabajar en doble turno, ya lo están haciendo. Se acabaron las monedas de la alcancía.

Abrumados, escuchamos la solución sindical: jubilar a los más antiguos para permitir el ingreso de los más jóvenes ¿De dónde saldrán esos jóvenes? Obviamente que no lo harán de los centros de formación docente, hoy despoblados.

La solución del Ministerio de Educación de la Nación es incrementar en un año los estudios terciarios que habilitan para ejercer la docencia. Transitamos hacia el abismo. Tanto la propuesta sindical como la del gobierno nacional, consisten en apagar el fuego con nafta.

Más pronto que tarde, serán los egresados de secundaria quienes tendrán que hacerse cargo de la educación de nuestros hijos. Seguramente lo harán utilizando cartillas. Estos espontáneos deberán transitar una breve capacitación, unos pocos meses, para después orientar a los niños en el trabajo en dichas cartillas. "Chicos, marquen con una cruz la respuesta correcta. Piensen, porque yo no les puedo ayudar."

Los pocos maestros de verdad, enseñarán a leer, escribir y contar. Quienes tengan los recursos económicos enviarán a sus hijos a escuelas en serio, pagando, y la brecha social se profundizará.

Dice Daniel Goleman que lo único que puede librarnos del poder hipnótico del autoengaño es el valor para buscar y afirmar la verdad. Debemos dejar de autoengañarnos. El Titanic se hunde y la banda sigue tocando.