La historia contada desde "abajo"

Frente a la historiografía de consumo masivo que propone una renovación del panteón de héroes nacionales, el colectivo mendocino La Hidra de mil cabezas ofrece una historiografía radicalmente crítica, comprometida con los procesos sociales.

El grupo viene trabajando desde hace cinco años. Foto: MDZ / Archivo
El grupo viene trabajando desde hace cinco años. Foto: MDZ / Archivo

“La sangre de los mártires es la simiente de la libertad” (Bartolomeo Vanzetti).

El colectivo La Hidra de Mil Cabezas (LHdMC) es un espacio consagrado esencialmente a la investigación y divulgación de la historia -y la actualidad- de los movimientos sociales impulsado por un grupo de estudiantes, docentes, artistas y comunicadores del Gran Mendoza. Nuestro propósito es contribuir a la construcción -o reconstrucción, como se lo prefiera ver- de una memoria colectiva de la rebelión, concebida por nosotr@s como uno de los componentes subjetivos fundamentales del proceso de liberación.

Un proyecto contrahegemónico

El proyecto surgió a fines de 2005 como una respuesta diferente -podríamos decir «contrahegemónica»-, al renovado interés de la sociedad argentina por el pasado histórico, claro síntoma de la profunda crisis económica, social y política desatada en el año 2001.

Las jornadas del 19 y 20 de diciembre, cuyo recuerdo se mantenía aún muy vivo en la memoria colectiva, marcaban el camino a seguir para esa otra Historia a difundir, conscientemente diferente al «modelo hegemónico» de los best sellers de Pacho O’Donnell, Jorge Lanata y Felipe Pigna, todos acotados a la circunspecta labor de revisar -desde una óptica «nac & pop»- la historia oficial en sus distintas variantes: desmitificación de algunos próceres, impugnación de otros, rehabilitación de personajes demonizados, rescate de figuras olvidadas, etcétera.

Frente a esta «historiografía de consumo masivo» que sólo propone una renovación del panteón de héroes nacionales y la falsa ilusión de que otro capitalismo -uno «bueno», uno exento de antagonismos internos y dependencias externas- hubiese sido posible para Argentina, LHdMC ofrece una historiografía desde abajo, radicalmente crítica, conscientemente comprometida con los procesos sociales de lucha que intenta desentrañar para luego dar a conocer.

Pone en el centro del dinamismo histórico a los sujetos subalternos, a la praxis de resistencia y rebelión contra toda forma de opresión, asumiendo que la conflictividad del actual orden social no es una anomalía transitoria -fruto de la corrupción política o del subdesarrollo económico- sino un elemento consustancial, inherente, constitutivo al sistema.

Movimientos sociales o cómo decir no

Por «movimientos sociales» entendemos las prácticas colectivas de resistencia o rebelión contra toda forma de opresión social (de clase, estatal, imperialista, de género, racial, étnica, religiosa u otras), tanto en los casos en que dichas prácticas alcanzan el umbral de la organización y/o de la revolución como en los que permanecen en el plano de la espontaneidad y/o de las reivindicaciones parciales.

El campo que abordamos es extremadamente amplio y variado, tanto en su inserción espacio-temporal (movimientos sociales de Mendoza, Argentina, Latinoamérica y el mundo, de todas las épocas históricas y también de la actualidad) como en su tipo fenoménico (procesos revolucionarios modernos, rebeliones de esclavos, revueltas campesinas, insurrecciones urbanas, huelgas obreras, indigenismo, feminismo, movimientos LGTB, ecologismo, etcétera).

Las raíces intelectuales de nuestro proyecto son numerosas: el corpus marxista, el pensamiento anarquista, la antropología filosófica existencialista de Albert Camus, la History from below o Historia desde abajo (Edward Thompson, Christopher Hill, Rudé, Hobsbawm, etc.), las filosofías de la historia de Walter Benjamin y Gustav Landauer, los estudios de género, la Escuela de Frankfurt, la microhistoria italiana, los estudios poscoloniales, la obra de Gonzalo Puente Ojea…

De la radio a internet, de Mendoza al mundo

La matriz original de difusión fueron los documentales sonoros; documentales que originalmente fueron transmitidos por Radio Universidad (la FM que posee la UNCuyo), y que luego comenzaron a ser repetidos por radios alternativas y comunitarias de otras provincias como Buenos Aires, Río Negro y Neuquén,y otros países latinoamericanos como Uruguay y México.

A este canal de divulgación muy pronto se agregó el de Internet. Creamos un portal digital donde subimos en formato MP3 nuestras producciones, ofreciendo a tod@s l@s interesad@s la posibilidad de una descarga libre y gratuita. Gracias a la web nos hicimos conocidos fuera de Mendoza, y comenzamos a recibir mails de todas partes: Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Bariloche, Jujuy, Montevideo, Valparaíso, Santiago de Chile, Madrid, México DF, Los Angeles…

Fue muy alentador este espaldarazo, saber que nuestro trabajo, un trabajo hecho completamente «a pulmón», era conocido y valorado por tantas personas de lugares tan lejanos.

Luego comenzamos a organizar eventos: ciclos de cine-debate (“Distopías”, “Esclavitud y Rebelión”, “Sobresaltos del American dream”, “El anarquismo en Argentina a comienzos del siglo XX”, “Proletari@s”, “España, 1936: ¿guerra civil o revolución social?”, entre otros), conferencias, talleres de formación, rondas de testimonios orales y actividades artístico-conmemorativas (Cordobazo, Mayo Francés, Semana Trágica de Barcelona, Revuelta de Stonewall, Huelga de Inquilinos, Canudos, etcétera).

Estas actividades nos permitieron tener un contacto personal, cara a cara, con nuestro público de radio, lo cual fue muy enriquecedor y gratificante. También se dio el proceso inverso: gente que conoció a LHdMC a través de nuestros eventos y que comenzó a escuchar nuestras transmisiones radiales.

Escribir y difundir

También publicamo por nuestra propia cuenta, en forma «casera» podríamos decir, una veintena de cuadernillos. Se trata de ediciones muy económicas, de pocas páginas, mayormente, aunque no exclusivamente, de artículos escritos por nosotr@s mism@s.

Tenemos dos colecciones: “Historia de los Movimientos Sociales” y “Escrituras Tangenciales”. En la primera, como su nombre lo indica, publicamos textos referidos a las luchas colectivas de l@s oprimid@s: Rebelión de Tupac Amaru, Frente de Liberación Homosexual, Revolución Mexicana, Conjura de Cinadón, etc. La segunda colección tiene un carácter mucho más heterogéneo; es como una suerte de «miscelánea». En ella publicamos ensayos de reflexión teórica o política, artículos sobre problemáticas sociales actuales y también textos literarios de impronta social.

Tratamos de autofinanciarnos con la venta de nuestros materiales: los cuadernillos de los que hablé recién y también CDs con la colección completa de nuestros documentales radiofónicos.

En las actividades que organizamos, si bien son casi siempre de entrada gratuita, acostumbramos pasar la gorra al final. Pero autogestionarse no ha sido nada fácil, y por ello el año pasado tramitamos un subsidio ante la Secretaría de Cultura. Con esos fondos tenemos pensado adquirir el equipamiento necesario para realizar ciclos de cine-debate itinerantes en toda Mendoza y también en otras provincias.

El origen del nombre

Según la mitología griega, la Hidra era una serpiente gigante de muchas cabezas (la cantidad varía de acuerdo a los autores; mil es el número que consigna Eurípides) que volvían a crecer a medida que eran cortadas. Heracles (Hércules en la tradición romana) se enfrenta a este monstruo en uno de sus doce trabajos.

En sentido figurado, se suele aludir a la Hidra de mil cabezas para evocar la idea de un «mal» que se renueva constantemente, resistiendo así a todos los esfuerzos que se realizan para erradicarlo. A lo largo de la historia, ha sido un lugar común la utilización de esta metáfora por parte de autores conservadores para referirse al fenómeno crónico de la rebelión popular, de ahí el nombre del proyecto. Lo que hemos hecho es, simplemente, apropiarnos de esta alegoría de connotación negativa y resignificarla en clave positiva.

(*) El autor de la nota es estudiante de historia e integra el colectivo mendocino La Hidra de mil cabezas.