- Profe, no me queda en claro. ¿Al final las sirenas existen o no?
- ¿Cómo?
- Es que no vine a la clase de ayer…
(Escena verídica en una escuela secundaria mendocina).
El estado de las cosas: el aula
Como cada madrugada de su vida, la docente se para frente al espejo y vuelve a encontrarse con su cara de atontada y un pensamiento recurrente: “el chofer que te llevará en micro hasta la escuela, gana el doble que vos, salame”.
Se lava la cara, se pinta demasiado como fabricándose un escudo cosmético (ya saben ustedes, la alegría, vaya uno a saber por qué, siempre es asociada con los colores). Desayuna parada mientras vela sus armas repartidas sin criterio dentro del portafolio. Tiene las cuerdas vocales destrozadas y la vista cada vez más fatigada. No hay forma de que deje el cigarrillo y las novelas.
Sale a la calle. Sube a su micro y mira al chofer como quien se ve obligada a un trato cortés con su enemigo. Llega a la escuela, firma y camina hacia el aula. Desde adentro, se oye el rugido de mil toros cebados. Ella debe educarlos, pero lo cierto es que sólo ha sido enseñada para contenerlos. Toma aire y sale al ruedo: es una mujer valiente al fin y al cabo, saca la hora adelante y queda exhausta. Tiene diez minutos para recuperarse y encarar el segundo round. No habrá príncipe azul para ella y ya ni siquiera lo pide.
Después de todo, ya lo dice la canción: “Adelan, adelante, maestros. A la lu, a la lucha, nos llaman con alegres campanas, con campanas de amor”.
El estado de las cosas: la Dirección General de Escuelas
Llamamos a Prensa de la Dirección General de Escuelas, que es ministerio, señora, aunque le digan dirección.
Queremos conocer el diagnóstico oficial, pues allí hay muchos equipos integrados por muchos profesionales que se ocupan de trabajar para que tengamos una secundaria de “excelencia”, como les gusta decir a los que se dedican a educativos temas.
Solícita y dispuesta, la gente de Prensa se compromete a ubicarnos a alguien. En particular, pedimos por Marita De Pedro, directora de Educación Secundaria. Bueno, si ella no puede, pedimos por alguien que pueda, que sepa del asunto y nos ilustre.
Nos contestan una hora después.
Nos dicen que por las vacaciones de invierno no hay nadie, pero nadie, nadie que pueda ilustrarnos.
Escuchamos la explicación, azorados. Recordamos a la docente mirando al chofer del micro, como quien se ve obligada a un trato cortez con su enemigo.
En vacaciones, nadie ha quedado encima del barco. No importa: igual sigue flotando.
El estado de las cosas: una palabra autorizada
Dionisio Salas Astorga es profesor de Letras de escuelas secundaria, tiene 16 años de experiencia y es también periodista, editor y, además, maravilloso poeta, de esos que nuestros alumnos debieran estar leyendo en las clases de Lengua y Comunicación o como se llame ahora al asunto ese. Queremos que Dionisio nos cuente si es cierto eso de que los chicos llegan a la secundaria sin saber leer.
El irá mucho más allá. Y, producto de la charla, su testimonio será hondo, claro, nutritivo y demoledor, por lo cual, no lo interrumpiremos en lo más mínimo:
* Somos diferentes: “He dado clases por todo Mendoza. Y las diferencias sociales se acentúan cada vez más. Si hay un elemento determinante, es la cuestión económica. No nos engañemos: hay distintas clases de alumnos, aunque el sistema intente negarlo. Se nota muchísimo cuando un chico es hijo de docentes o profesionales y cuando el chico tiene padres que no frecuentan la información y la cultura en general. Los que provienen de una clase social más favorecida se notan, porque responden, juegan con la ironía, mientras el resto no sabe lo que es ironía. Y es así, como literalmente lo digo, lamentablemente”.
* Deficiencias claras: “Hay cuestiones constantes: los chicos llegan con los problemas que se les crearon en la primaria y antes en sus casas. Y esos problemas no se les resuelven. Hay dos deficiencias claras y básicas en la comprensión y en la producción de textos. Esos son dos faros que nos guían en este naufragio y que no podemos resolver bien. Los alumnos no comprenden lo que leen (y no hablo de textos literarios, sino de periodísticos o comerciales) y no saben producir textos con coherencia”.
* Internet: “Los adolescentes frecuentan Internet y los contendios que allí se producen son desconocidos para muchos docentes. La verdad es que la mayoría de los profesores no tienen Internet o no la saben usar. Ahora, el gobierno está mandando computadoras y esto está muy bien, pero hay docentes que no saben manejarlas y las escuelas no tienen infraestructura y espacios para salas de informática. En síntesis: los contenidos que los alumnos perciben y producen en Internet no son tenidos en cuenta en las escuelas”.
* Experiencia de vida: “En primer año de la secundaria, se nota de manera tremenda, agresiva, las dificultades en la lectura y en la comprensión. Repito que no hablo de grandes textos; yo ya casi he dejado de lado la literatura, me siento derrotado en este aspecto. Pasa que los chicos no pueden distinguir si una crónica es una ficción o un hecho real. Y te hago una confesión: mi hija de siete años escribe cuentos y los abrocha, ¡escribe y se edita sus libros! ¿Por qué? Es muy sencillo: por la atención que recibe, por el ejercicio, la rutina, y la experiencia de vida de los padres”.
* El alumnos medio: “Voy a ser tajante, excesivo: el alumno promedio, lamentablemente, es ciego. Es doloroso y tremendo. A veces me pregunto qué hacemos con ellos, si no entienden una lectura o la película que están viendo. Al mismo tiempo, se manejan con una manera de comunicar que poco comunica. Es un lenguaje emoticón. Y no salen de un puñado de palabras: boludo, nada, chota, culiado, chabón, puto, conchudo”.
* Lo primero es la familia: “Hay un lugar común que dice que la familia es el origen de toda la fortaleza educativa. Sin embargo, ¿de qué familia hablamos? Los padres se tienen que hacer cargo, sí, pero qué pasa si los padres no pueden hacerse cargo de semejante tarea, porque ellos mismos no fueron formados?¿Cómo pretender cargar a sus padres esa tarea si no saben hacerla? Entonces, al final todos se lavan las manos”.
* Productos sociales: “Otro tema fundamental es la pésima formación de los docentes. Pongo un caso en particular: los terciarios forman, en general, docentes muy limitados. Y se les nota: muchos tienen una perspectiva de sus materias reducidísima. Y tienen alumnos a cargo. Ellos, como docentes, son productos sociales también, con todas sus limitaciones a cuestas. Es triste, pero lo veo a diario”.
* ¿Enseñar o contener?: “He reflexionado mucho sobre el tema y me termina dando la impresión de que el sistema está pidiendo esta clase de profesores, que estamos formando. ¿Sabés por qué? Porque el sistema no busca enseñar, sino contener. El mensaje profundo es la inclusión, cosa que comparto, pero el sistema no está preparado para ir más allá y educarlos correctamente. Y ojo: esto va más allá de la escuela pública o privada. Yo defiendo la escuela pública, pero está saturada. Y las privadas, hechas para que se pague por ir a ellas, también están en crisis. Es el sistema todo el que debe reformularse”.
* Sueldo docente: “¿Sabés cuánto gana un docente? $1500. ¿Qué pretendemos de alguien que gana esa plata? ¿Qué eduque? ¿Les pagamos eso y queremos que hagan de nuestros hijos una maravilla? Hay camioneros que ganan 10.000 pesos y está bien por ellos, pero se supone que la tarea docente es fundamental para una sociedad. Es además un trabajo dramático: en verdad, es muy difícil entrar a un aula con 30 alumnos y hacerte el huevón. En esa situación, nadie puede hacer la plancha. Si te ponés las pilas y laburás a conciencia, a las tres de la tarde terminás hecho bosta. Y se suman los años. ¿No deberíamos tener mejores condiciones?”.
* Inversión educativa: “Como nunca en Argentina, el gobierno está invirtiendo en educación. Nos llegan libros nuevos todos los años y ahora computadoras. Yo, como editor, me pregunto por qué no editan libros de los últimos veinte años, en lugar de libros del siglo XIX. Para mí, no están invirtiendo bien. Me mandaron “Adán Buenosaires”, una hermosa novela, pero ilegible para los chicos. ¿No deberíamos tener obras que los alumnos puedan leer, manuales con estrategias didácticas novedosas?”.
* El viejo de Lengua: “El panorama de los docentes con más experiencia es desolador en las escuelas. Los docentes más viejos, los que más saben y mejores cosas pueden aportar a la institución, están de licencia. Algunos ya no tienen voz, otros están con desequilibrios sicológicos. El desgaste con los años es violento y la paga, mala. Yo, que soy un tipo grande ya, sé para qué sirve la plata, cómo se gasta, cuánto vale todo. ¿Qué quiero?: Ganar más, porque soy bueno en lo que hago”.
* Sistema en crisis: “En síntesis, para mí el sistema está en crisis y las escuelas, lamentablemente, están para aguantar el chubasco y así pase la semana, así llegan los feriados y las vacaciones y que pase el año. Están los alumnos, que quieren pasar de año sin esfuerzos y las instituciones también quieren que pasen de año, a cualquier precio. En definitiva, el problema es estructural y tiene muchas puntas”.