Crecí leyendo distintas historias de amor o amores de actores trágicos en nuestro mundo.
¿Quién no recuerda la pasión de Romeo y Julieta, o el vals del Titanic que se hunde con su orquesta, o la novela de Eva Duarte y su mentor Juan Domingo, o las libertades entre el “castor” Sartre y Simone de Bouvair o la inclasificable relación entre Hitler y Eva Braun?
Son historias conocidas, leídas, ciertas o no, ficticias o reales, pero amores de personas de distinto sexo.
En esta época, comienzan a aparecer otras historias de amor. Las que salen de los armarios, las que muestran otras identidades, las que se esconden en máscaras que poco a poco se van quitando.
En la Argentina de hoy se está discutiendo si personas de mismo sexo pueden casarse y adoptar. ¿ Se estará discutiendo del derecho de amar y ser amado de estas personas o sólo sobre un supuesto privilegio de una parte de nosotros en relación a otros?.
¿Por qué quienes se aman no pueden registrarse ante la sociedad y disfrutar de los mismos derechos y obligaciones por el sólo hecho de tener el mismo sexo? ¿Quién puede negar que la base de toda relación no es otra que el amor? Y si existe amor, ¿por qué entonces no pueden adoptar un niño o una niña?
En nuestro país, miles de personas viven en pareja sin casarse, otros miles viven solos, y otros miles de miles viven o conviven con familias ensambladas, donde hay más de un padre y madre a la vez, con hijos tuyos e hijos míos.
Esa es la característica del mapa humano que tenemos y en ese contexto, el mayor argumento, al menos para mí, que pensaba de otro modo, es que el amor es la única condición para formar una pareja y que ésta pueda así adoptar. Lo demás lo tenemos o lo padecemos todos y todas, con nuestras miserias, necesidades e imperfecciones, pero no puede faltar ese requisito para quien quiera unirse con otro u otra o quiera que un nuevo miembro no sanguíneo ingrese a la familia.
Los que se encierran en dogmas y lecturas cerradas y que no permiten otras interpretaciones, niegan en el otro, su calidad de prójimo, y por tanto no lo aman. ¿ Dónde está escrito que no amarás a un homosexual o que éste por su orientación sexual no es prójimo?
¿Cuál es el legado de familias heterosexuales que abusan, abandonan, y golpean menores? Tenemos miles de chicos desnutridos, encarcelados, drogados, discriminados, a los que sólo les decimos que No, sin ninguna otra oportunidad en la vida. Esa es nuestra respuesta de sociedad heterosexual.
En nuestros tiempos actuales y esto no es sólo por una cuestión de la modernidad en la que todo debe ser aceptado, otras formas de vivir, de relacionarse han aparecido y como todo lo nuevo, lo distinto, sugiere sospechas y rechazos.
Pero sobre todas y cada una de estas relaciones vuelve siempre la misma pregunta; ¿se aman o no se aman? La felicidad no es un estándar ni un valor en sí mismo, ni siquiera un estado permanente, y el amor como la felicidad no es propiedad privada de los heterosexuales.
Los homosexuales (ellos y ellas) están escribiendo su historia local y buscan una igualdad de condiciones. Ellos como prójimos; vecinos, amigos, hijas, colegas, quieren saber si deben volver a los armarios y máscaras, donde el beso y la caricia serán prohibidos o si por el contrario, nuestra idea de familia, de sociedad, comprende también la idea de aceptarlos e integrarlos y brindar porque nuevos amores y colores formen parte de nuestro paisaje cotidiano, donde no sobren o falten padres o madres sino que abunden los abrazos de quienes estén dispuestos a darlos.
El autor es abogado penalista