Aunque nadie lo vio en la escena del crimen, Leonardo Cabrera cada vez tiene su situación más complicada y ya se está acercando el final del juicio por el que está acusado de matar a Mirta Ángela Quinteros (63) durante un robo en su casa de la Sexta Sección. Siete testigos fueron citados hoy y el testimonio de los funcionarios policiales arrojó datos claves que incriminan al ex yerno de la víctima.
Ramiro Femenías fue el primer testigo en pasar ante el tribunal presidido por Gonzalo Guiñazú e integrado por Rafael Escot y Laura Gil de Chales. El hijo de la víctima, quien fue el que encontró el cadáver de su madre, dijo de Cabrera: “No lo bancábamos. Fue la primera persona que se nos cruzó por la cabeza porque no teníamos enemigos”.
En un ataque de ira, Femenías dijo que en la madrugada del 31 de mayo después de ver lo que pasó lo que atinó a hacer fue ir al barrio San Martín –donde residía su ex cuñado-, sin embargo, sólo llegó hasta el barrio Cano y luego volvió con un móvil policial a su casa, ubicada en Olascoaga 2826. Allí aumentaron las sospechas al ver la ventana, que había sido colocada por Cabrera, se había podido sacar “sólo haciendo una fuercita” ya que estaban a la vista los tornillos flojos. También aclaró que la única vez que tuvo un ayudante durante la construcción fue el día que colocaron las vigas.
Además el hijo de Quinteros contó que el perro había sido encerrado en el baño y aclaró que la mascota era muy juguetona. También hizo hincapié en que se mostraba amigable con los conocidos y, justamente, las personas que estaban en este grupo eran un número reducido pues la casa sólo “se usa para descansar” por los horarios que les impone la actividad gastronómica. Asismismo, el joven dijo que su mamá siempre vio algo extraño en la persona de Cabrera; no obstante, siempre la familia procuró ayudarlo porque era el novio de Estivaliz.
Después de Femenías, pasó la hermanastra de Cabreras, Mónica Sepúlveda, quien dejó en claro que, si bien su madre estaba enferma, “aún su estado no era grave y no sabían que tenía cáncer”. Con esto, se echa por tierra lo que dijo el imputado acerca de que viajaba a Buenos Aires, no porque estuviera huyendo, sino que tenía que ir a ver a su mamá a Junín. La mujer también señaló que recibió un llamado de su hermano recién después de tres meses. La llamada fue el mismo domingo del hecho durante la madrugada: “Quería decirme algo pero no se animaba. Me hablaba llorando”.
“Me mandé una cag… grande en Mendoza”
Aparentemente, esta frase anduvo vociferando Cabrera por San Martín, en las inmediaciones de la finca donde se escondió. Un informante llegó hasta el policía Ángel Nuñez, quien se desempeña en la Comisaría 19º de Junín, para decirle que temía por su vida y la de su hijo pequeño porque un hombre –morocho de ojos celestes verdosos- estaba vendiendo cosas robadas y había dicho que mató a una señora. También el desconocido le había entregado un celular al hombre para que se lo cargara. El uniformado constató la declaración hoy frente al tribunal y confirmó que, a través del dato que recibió, se llegó hasta el escondite que había buscado Cabrera en un piletón, donde también se secuestraron elementos que habían desaparecido de la casa de Quinteros.
La persona que había dicho que mató a una señora en Mendoza era morocho de ojos claros con espinillas en la cara, descripción que coincide con la fisonomía de Cabrera.
En tanto, un policía de Investigaciones de San Martín, Oscar Hidalgo, señaló que Cabrera en el momento de ser encontrado –pues había salido la orden de buscar al presunto autor del homicidio de Quinteros- dijo: “Está bien. Soy yo el que buscan”. Entre los funcionarios policiales que desfilaron por el tribunal, se sumó Aníbal Zárate, quien trabajaba para Delitos Complejos, y fue el encargado de hacer el rastrillaje en el supuesto micro que el sospechoso se había tomado hacia Buenos Aires, pero que sólo se encontró con la pareja de quien perseguían: Evelin Ortubia (22).
Ortubia llevaba tres meses conviviendo con el imputado en el barrio San Martín cuando ocurrió el crimen de Quinteros. La joven compró los pasajes a Buenos Aires porque su pareja le dijo que tenían que viajar porque un hermano estaba enfermo. Ella los sacó con el nombre del padre de su hija porque así se lo indicó Cabrera; sin embargo, dijo que siguiendo las órdenes de él no salieron desde Mendoza en micro (tal como habían adquirido el ticket) sino en un remis trucho porque se iban a encontrar con unos primos de su novio en San Martín, quienes nunca llegaron. La chica se subió con su hija y una de las dos maletas que habían preparado y emprendió el viaje sola.
Ortubia trató de dejar en claro que desconocía los elementos que Cabrera le había puesto en su maleta y que fueron secuestrados por la Policía. Sin embargo, siguiendo el mismo relato que declaró el sospechoso, la chica dijo que la maleta que llevaban la habían comprado un domingo en el Mercado del Usado de Guaymallén cuando ambos fueron juntos en la moto -Cabrera dijo que se movía generalmente en taxi, pues nunca habló sobre que tenía un rodado- y desconoció de que se tratara de la misma valija que habían robado a su ex patrona (causa aparte que tiene Ortubia en la Justicia).
Por último, la joven dijo que no recordaba el nombre de la persona que lo ayudaba en las construcciones a Cabrera, pues él se dedicaba a hacer “changas” como albañil. Pero, sí se refirió a un joven de apellido “Bustos” que era hermano de su compañera de trabajo y que falleció el año pasado. Esta persona, según el sospechoso, fue quien le entregó una bolsa con los elementos que habían sido robados en la casa de Quinteros. Después de un año de estar en la cárcel, el imputado recién vino a echar la culpa sobre el delito que a él le pesa a un tercero llamado “Gustavo Bustos”, un supuesto vecino con quien se iba a encontrar en San Martín para retornarle la bolsa con los elementos sustraídos.