Cuando ir al cine se transforma en una tortura

Ir al cine pasó a ser una salida cara. Las entradas a los complejos aumentaron de una manera notable y si a eso le se le suma los gastos de pochoclos, gaseosas y caramelos o cuanta promoción exista, hay que sacar cuentas.

Pero si después de tomar la decisión, uno llega a Cinemark Palmares y se encuentra que hay dos vendedores (como este sábado a la noche) o uno (como en la noche del viernes) y que la cola supera las cincuenta personas, la salida ya toma otro sentido, más bien de "porqué tomé esta decisión tan mala".

Al menos, en ese multicine no se respeta al público con esta mala atención y más de uno de los que estaba en esa inmensa cola debe estar pensando en no volver más.