Vivimos en un universo tan grande que no es posible pensarlo ni dibujarlo, por lo cual tampoco es posible hablar de él y mucho menos imaginarlo.
Vivimos en el último rincón de un lugar donde reina la oscuridad y la ausencia.
Nuestra existencia no es más que el resultado del capricho dos átomos que al rozarse trajeron cola y la vida evolucionó de una manera, pero podría haberlo hecho de otras. Simplemente, eligió la peor y aquí estamos, tomando cerveza frente al televisor hasta quedarnos dormidos.
Cuando dentro de poco hayamos desaparecido como planeta, nos extinguiremos velozmente como un pétalo en el infierno y no dejaremos más que un par de cápsulas de titanio con canciones de los Beatles flotando en la nada y para nadie como perfecto destino.
En tanto eso sucede, nosotros comprobamos azorados cómo se desenvuelven los milagros: desde nacer y erguirnos sobre dos patas y un verbo, hasta quedarnos dormidos seguir respirando, hasta que dejamos de hacerlo, claro, y convertirnos en pasto del olvido.
Alrededor de nuestras soledades, un ciclo de las estaciones nos devuelve la esperanza y nos la quita y así vamos viviendo, viendo crecer a los que amamos, hasta acompañarlos a su reposo dos metros bajo tierra y viceversa.
¿Qué es lo más maravilloso de todo este paisaje de ausencias?
La vida, amigos, esa perfecta forma de la avaricia.
La vida, a pesar de la sordidez que la rodea, quiere vivir y, ante la evidencia de un infinito universo rodeado de muerte y oscuridad, a ella nada le importa, busca más, florece entre las piedras y se transforma a base de carbonos y codicias.
A través del universo
Hace unos días, el famoso astrofísico inglés Stephen Hawkins conmovió a la teleaudiencia mundial al afirmar, en Discovery Channel, que es probable que los extraterrestres existan, pero que es mejor que no les mandemos mensajes de amor y paz ni tampoco de los otros.
¿Qué pasaría si los tipos se enteran y se decidieran a venir?
Para Hawking, probablemente ocurriría lo mismo que les pasó a los indios con la infame conquista de Colón y compañía: se llevaron todo –vidas, oros y valores– y a cambio dejaron sus dioses, sus cruces y sus enfermedades venéreas.
“Unos extraterrestres evolucionados podrían quizás haberse hecho nómadas y querer conquistar y colonizar los planetas que fueran conociendo. Si los extraterrestres nos visitaran, el resultado sería más importante que cuando Cristóbal Colón llegó a América, algo que no resultó positivo para los amerindios”, dice el científico en un capítulo de la serie “En el universo con Stephen Hawking”, centrada en el autor de “Breve historia del tiempo” y de “El universo en una cáscara de nuez”, clásicos mundiales de la literatura científica.
Imbuidos por un espíritu bonachón, intentamos conectarnos con posibles civilizaciones lejanas. Desde la sonda Pioneer de 1972 hasta el reciente envío de la canción de The Beatles “Across the Universe”, varios son los intentos.
¿Qué respuesta hemos obtenido? Ninguna, lo cual hace crecer sin dudas la posibilidad de que los tipos nos conozcan (esto ya lo dijo otro tipo y no recuerdo quién).
Palabra científica
Richard Lacy Branham (foto) nació en Baltimore, Estados Unidos, y se nacionalizó argentino. Vive en Mendoza, donde es investigador del Ianigla (Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales), en el CRICYT (Centro Regional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas).
Branham estudió en las universidades de Georgetown, Harvard y Mass. Tiene el título de Bachelor of Science (Georgetown), un Master of Arts y un doctorado en Filosofía de Case Western Reserve University, Cleveland, Ohio. Su currículum es tan frondoso que no viene al caso, por lo cual, imagínenlo y será suficiente. Vamos, mejor, a sus palabras, sin interrumpirlo:
* Qué vida: “Cuando hablamos de vida extraterrestre debemos preguntarnos si se trata de formas elementales o de vida inteligente. Hay un satélite de saturno que, probablemente, tenga vida de manera elementa, como bacterias. Respecto de la vida inteligente, hay muchas especulaciones: están los optimistas como Carl Sagan y los pesimistas como Frank Tipler”.
* Planeta Carbono: “Tampoco sabemos cómo puede formarse la vida inteligente. No tenemos que pensar en un modelo humano, pues la base en este planeta es el carbono, pero podría también ser el silicio. Lo cierto es que, desde hace muchos años, hay programas de rastreos en la bóveda celeste buscando señales artificiales de manera sistemática y nada se ha captado”.
* Años luz: “En el universo, las distancias son enormes. Yendo a la velocidad de la luz, tardaríamos 60.000 años en llegar a una estrella con posibilidades de vida. Hasta donde sabemos, hay muy bajas probabilidades de encontrar vida en nuestro entorno, Igualmente, no podemos eliminar la posibilidad. Si hubiera extraterrestres, ¿les anunciamos nuestra presencia? Y si los hay, ¿estarían en condiciones de llegar hasta aquí? ¿Y cuánto demorarían en llegar? Además, si vienen corremos el riesgo, como dice Hawking, de que nos aniquilen como ocurrió con los indios americanos”.
* Sistemas solares: “Son pocos los elementos necesarios para que se dé la vida. El carbono es el elemento que forma más compuestos que cualquier otro, pero el silicio también produce esas posibilidades. El agua es importante y se dice que hay agua en la Luna, en Marte y en un satélite de Saturno, muy lejos del calor del sol y para que haya vida se tiene que dar en un lugar ni extremadamente caluroso y ni extremadamente frío. No hay muchos lugares así, pero hay miles de millones de sistemas solares, por lo cual la probabilidad existe”.
* Naves extraterrestres: “Las naves extraterrestres no existen; jamás se ha podido demostrar que algo así se haya visto en el planeta. En todo caso, pueden ser manifestaciones naturales bajos circunstancias anormales. Las enormes distancias de las que hablamos impiden constatar esas presencias. Para llegar a la estrella más cercana, hay que viajar ocho años a la velocidad de la luz de ida y ocho años de vuelta. Estamos hablando de viajar ochenta años, ida y vuelta, para llegar a un lugar donde no se ha probado que hay vida. ¿Y los recursos para ese viaje? ¿El combustible, la comida? Por eso, todo lo que se dice de las naves extraterrestres en la Tierra es pura fantasía”.
Sobre dios y la belleza; o no
Podemos decir que, en definitiva, plantearse que haya o no vida en el universo es un hecho de ciertamente relativa importancia.
Uno podría preguntarse de qué sirve que haya estupendas playas en las islas griegas o en la Polinesia francesa si jamás habrá de visitarlas. No obstante, también es cierto que, siguiendo el concepto del “efecto mariposa”, es probable que la existencia de esas hermosas playas que jamás conoceremos nos vuelva más hermosos a todos y cada uno de los seres humanos.
Si existen los extraterrestres, es tan lejana su presencia que se parece muchísimo a la ausencia.
Desde esta infinita ausencia que da sustento al universo, es de suponer que nadie en su sano juicio haya de considerar interesante hacer un larguísimo viaje para conocer a gente tan dañina, envidiosa y mal pensada como nosotros.
En un libro maravilloso llamado “El arco y la lira”, Octavio Paz se pregunta qué si existe vida más allá de la muerte. Y se responde, palabras más, palabras menos: si digo que la hay, estoy demostrando un absurdo engolosinamiento con mi ego y, si digo que no la hay, estoy demostrando una escasez de confianza en las posibilidades del ser.
Los extraterrestres pasa lo mismo y cada uno habrá de buscar en su mundo de ilusiones y certezas su respuesta.
Lo importante, como siempre, será hacerse las debidas preguntas. Responderlas o no es una cuestión menor.
Hasta tanto haya una, al menos una evidencia cierta, seguiremos estando solos.
Y después también.