La palabra concertación, que tanto se parece a concierto, que hace pensar en muchas cosas ciertas, es lo primero que desaparece cuando existe la ruptura, pero también es una palabra esperanzadora, y si lo que falta es esperanza se convierte en una palabra inteligente.
Las palabras pueden no ser inteligentes, es cierto, pero la actitud de concertación es inteligente. La guerra es el último recurso que le queda a la política después de concertar hasta lo imposible. Que exista concertación calma el alma, pacifica y deja la posibilidad de siembra, ya que es casi imposible, por no decir totalmente, sembrar en la guerra.
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¿Por qué la educación eliminará la violencia?
La falta de concertación produce violencia profunda, y eso afecta a los niños.El pensamiento nuevo debe tender no a la pacificación absoluta, que sería sospechosa, pues al existir bandos existen los antagónicos, sino a la aceptación de los antagónicos. Por Alfredo Casero en La Razón.