No importa cuántos años cumple: María Virginia Pereyra es mujer y, como tal, coqueta con la edad. Pero no llega aún a la edad de jubilarse y –de hecho- ni ha pensado mucho en ello últimamente, abocada a los menesteres por los que la cuyanía la reconoce: su pasión por la música popular cuyana.
Se sabe que hay famas y famas. Y la de María P. es de las que se extienden tierra adentro, de guitarra en guitarra en Mendoza, San Juan y San Luis. Y de las que se pagan con cogollos y un vaso en la mano.
Si usted no conoce a María Pereyra no importa. La conocen muchos más en barrios que no tienen internet y en casas en donde pueden faltar muchas cosas, pero jamás una guitarra.
Sus hijas corren llevando los platos con pizza, berenjenas en escabeche, ensalada de papas y albondiguitas, apagando el incendio con un vinito mientras se prepara el terreno para el desembarco del pollo al disco que prepara un yerno, el "Yiyo", Miguel Gutiérrez, en un costado del patio. Después vendrá la cazuela. Y luego, se verá. El combustible de la fiesta no faltará en dos días y una noche.
"Hay pollo al disco para cien"
Locuaz, como conductora de programas de radio que es, María P. se silencia, emocionada ante el cariño que le devuelven decenas de cuyanos que, a lo largo de dos días, van entrando sin golpear por el portón de su casa en Las Heras y allí, en el medio del patio, se suman a la larga lista de visitantes que, conocidos o no, se han enterado que allí hay fiesta y que la dueña merece una celebración.
Uno a uno, van llegando. Están sentados al fondo, con un vino en la mano, el “Zurdo” López, guitarrista y su mujer, “la Susy” Sosa, cantante y profesora de baile. Graciela Montaño y Mario Grima, el “Comevino”, que tienen el baile fácil; el que habla en la entrada es Omar “Tordito” Romero, locutor de radio de allí no más, de Las Heras, que se carga al hombro la tarea que más conoce: anuncia cada llegada y la adorna con un poema, con un cogollo. Luego, con la voz ronca (de dos noches sin dormir) canta y convence de que la fiesta recién comienza.
Blanca Rosales, de FM Concierto y enfermera del Hospital Central prepara a un costado el pañuelo para la cueca, animándosele aún desde la cima de sus tacos altos.
Están la Martha Villegas y el Roberto Paz; Mario y Roberto Comparini junto a Mary. Los Cantores de la Carrodilla han llegado y están en el patio, buscando un lugar detrás del tablero Elvio Acuña y la Pocha Salinas busca compañero de baile. Pino Molina, guitarrero y cantor mira hacia la calle, en donde tres hombres desenfundan tres guitarras, y se animan a entrar, entonando una tonada con cogollo dedicado y que María P. paga, como corresponde, un vaso de vino que va y viene desde hace rato. Son los músicos de las Lagunas del Rosario que ya van por el cuarto cumpleaños en dos días, sin dormir.
Ya se arma el baile. La Graciela saca al Elio, el nieto heredero de María y éste se le anima y más (ver fotos en galería). Otros se ven tentados y levantan polvo para repartirlo a pañuelazo limpio.
Alberto Núñez y otro “zurdo”, el Guevara, pelan sus guitarras en lo que ya parece un duelo a muerte por una misma dama, la cumpleañera.
Allí estuvo. Empezó el cumpleaños de María Pereyra pero no sabemos cuándo termina. “Será el año que viene…habrá que terminar con ésta para empezar la otra fiesta no más…”, dice, sonríe y agradece un cariño que no tiene precio y que está basado en interés social más que pasarla bien y brindar por ello. Todas las veces que se pueda. Mientras se pueda.