El tocino, la tarta de queso y otros productos con grasas pueden ser adictivos. Esto significa que determinados alimentos producen una afección al cerebro del mismo modo que lo hacen ciertas drogas estimulantes, sumado al desequilibrio alimenticio que lleva a la obesidad en los consumistas.
El estudio se originó con ratas, teniendo como resultado un comportamiento extraño y alterado, luego de que los roedores consumieran estos alimentos en grandes cantidades.
“Tanto la cocaína como ingerir demasiada "comida basura" sobrecargan los centros de placer en el cerebro”, señaló Paul J. Kenny, Doctor en Filosofía, asociado de therapeutics molecular en el Instituto de investigación Scripps, en Júpiter, Florida.
Además, según publicó www.neomundo.com.ar, “la ingesta reiterada y excesiva de comida 'chatarra' es uno de los factores que más contribuye al desarrollo de la obesidad", señaló el doctor.
Eduardo Kalina, médico psiquiatra, especialista y magíster en adicciones y director médico del Brain Center, reflexionó: "Creo que el concepto de adicción química, en el que a veces se coloca a la comida, debería estar restringido y limitado a lo que es el consumo de otro tipo de sustancias como puede ser la nicotina, que no sólo no tiene ningún tipo de utilidad para la salud, sino que además hace daño".
"Con esto no quiero decir -continuó el especialista- que la comida no pueda contribuir al desarrollo de una dependencia o un consumo impulsivo que es el que se genera cuando la persona sin ningún reparo, cumple con el deseo que tiene, en este caso comer y más específicamente un tipo de alimento determinado como puede ser la comida chatarra. Cuando esto ocurre sin duda estamos frente a un trastorno, a una sintomatología que es algo así como una 'prima hermana' de las adicciones".
En el estudio, publicado en el diario Nature Neuroscience, Kenny y sus ayudantes estudiaron tres grupos de ratas de laboratorio durante 40 días.
Uno de los grupos fue alimentado de forma regular con una dieta saludable y equilibrada, mientras que la segunda tanda consumió tocino, salchicha, tarta de queso y otros productos de altas calorías, pero sólo durante una hora por día. Al último turno se le permitió devorar la comida no saludable durante 23 horas por día, con un consumo ilimitado.
Los resultados fueron los siguientes:
Las ratas que consumieron alimento humano rápidamente se hicieron obesas y sus cerebros también cambiaron. Los investigadores encontraron que los animales del tercer grupo desarrollaron una tolerancia al placer que el alimento les dio y se necesitó más comida para continuar con el experimento, lo que provocó un cierto grado de obsesión.
Cuando los investigadores aplicaron un choque eléctrico a los pies de roedores ante la presencia del alimento, los dos primeros grupos se espantaron y no comieron. Sin embargo, una actitud diferente tomaron las ratas de la tercera tanda. "Su atención únicamente fue enfocada en el alimento devorante, " dijo Kenny.
Con tal experimento, Kenny aseguró que "la reacción de los roedores podría, a grandes rasgos, compararse con la de los seres humanos".