Señor Víctor Fayad:
En este tiempo de elecciones en la comuna capitalina no es posible abstraerse de la propaganda de cada bando, incluido el oficialista, en especial al slogan “Cumplimos”, el cual trae a mi mente específicamente la campaña contra ruidos molestos iniciada por usted con anterioridad.
Los motivos de esta carta son hacer público el fracaso de la disminución de dichos ruidos en el entorno de mi lugar de vivienda y llamar la atención de quien corresponda, ante el también fracaso de todas las gestiones realizadas para terminar con la situación que me ha generado tantos disgustos.
El local “Al Fondo Bar”, cuyo titular es, según Acta Nº 2384, AGAMEN S.A., se domicilia en Arístides Villanueva 625, donde no consta habilitación para funcionar ningún tipo de comercio, tal como figura en el pedido de clausura ordenado por la Secretaría de Infraestructura Servicio y Ambiente, Exptes. Nº 015814-9-M-2009 y Nº 000023-1-G-2009, emitido el 1 de Octubre de 2009 y vuelto a emitir el 29 de ese mismo mes. Este local no sólo contraviene la normativa municipal de contaminación sonora, sino también todas las edilicias y de seguridad, pues me consta que se trata de un insospechado patio, un fondo, cubierto únicamente por un toldo y disimulado por una aceptable fachada, resultando todo esto en un insoportable caudal sonoro de altos decibeles que escapa libremente al medio circundante.
La penuria empieza los jueves, cuando, a micrófono abierto, los alegres entusiastas del karaoke que a allí asisten regalan al vecindario sus más aguardentosas versiones de los clásicos bolicheros, siguiendo los viernes y sábados (y feriados) esta fiesta a la cual todos estamos involuntaria e inexorablemente invitados dentro de nuestras habitaciones, otrora de descanso. Las múltiples mediciones realizadas en mi domicilio, colindante al citado sucucho, por el Área de Inspección de la Dirección de Gestión Ambiental y Desarrollo Urbano han resultado “Ruido Molesto”, lo cual consta en actas. Consta también en el Expte. Nº 017873-O-C-2009 que no soy yo el único vecino que se ha quejado por esta situación. Pero la presencia de los inspectores logra un efecto efímero, pues una vez que se marchan, el sonido vuelve a subir invariablemente.
¿Cómo es posible que ante toda la maquinaria de esta parte del municipio puesta en acción para terminar con esta situación, la misma persista? La sensación que tenemos quienes nos vemos afectados es que los responsables del local se ríen en nuestras caras. La intachable actuación de la directora de dicha repartición, ingeniera Mónica Castro, parece haber chocado con la inamovible roca del “acomodo”, nuestro cáncer de cada día que desprestigia a la institución política, única respuesta que se me ocurre ante tanto alarde de arrogancia e impunidad. A otros locales, por mucho menos, se los cierra sin mayores miramientos. La historia es más antigua, y precede largamente a la época en que empecé formalmente con esto que resultó ser un peregrinaje. Hasta la fecha nada ha cambiado. Pueda ser que esta renovación de cargos que se avecina conlleve una decisión más firme de hacer cumplir, de una vez por todas, lo que corresponde. De lo contrario, la risa seguirá oyéndose, por encima de todo ruido, dirigida no solamente a mi cara, sino a la de todos nosotros.
Julián Martínez
D.N.I. 24.511.668