Culos sucios

Los que reclaman institucionalidad a boca de jarro y no dudaron en apoyar el lockout patronal que cortó rutas e impidió que llegaran los alimentos a las bocas de expendio. Los que no reconocen que es justo que se democratice la propiedad de los medios de comunicación hoy en manos concentradas y le buscan la quinta pata al gato con nimiedades formalistas.

Los que reclaman institucionalidad a boca de jarro y no dudaron en apoyar el lockout patronal que cortó rutas e impidió que llegaran los alimentos a las bocas de expendio. Los que no reconocen que es justo que se democratice la propiedad de los medios de comunicación hoy en manos concentradas y le buscan la quinta pata al gato con nimiedades formalistas. Los que ayer apoyaron ajustes, bancaron la reducción salarial del 13% y miraban por TV cómo su presidente mandaba a matar gente a Plaza de Mayo. Los que se rasgan las vestiduras puteando a Maradona sin que haya comenzado el mundial y admiran, hoy, al loco Bielsa; cuando antes lo defenestraban.

Los que fueron 100% kirchneristas y vivieron del Ministerio de Alicia Kirchner y hoy se montan al discurso de la clase media tira bomba. Los que se valieron de la devaluación para exportar y acumularon pingües ganancias, y hoy se suben al barco de las víctimas (pobrecitos ellos) Los que agitan, en cuanto programa de televisión les ofrece cámara, el fantasma del apocalipsis sin realizar un balance crítico y serio de la situación económica.

Los agoreros “éticos” que arman partiditos para negociar con el mejor postor en cada elección a ver si meten un candidato. Los que hacen silencio de radio sobre la política de derechos humanos del gobierno nacional, y ayer nomás, se comieron la ley de obediencia debida, punto final y el indulto.

Los que posan sólo para las fotos y se garcan en la militancia de sus propios partidos. Los que no quieren ir a internas y arreglan todo por arriba. Los que la juegan de “independientes” en los medios y en la política. Los que dicen “yo soy apolítico”. Los que se endeudan irresponsablemente y luego reclaman cuando no pueden pagar la tarjeta de crédito. Los que rebuznan cuando escuchan discursos sin leer. Los que no se bancan que cientos de actores y músicos aplaudan las medidas correctas que impulsó este gobierno. Los que trajeron a Ricardo Fort a la vendimia y los que aplaudieron a Ricardo Fort en la vendimia. Debieron echarlo del palco a melonazos, claro, si tuvieran cojones.

Los que judicializan la política. Los que no se animan a decir lo que piensan.  Los que acusan de “comprados” a quienes acompañan algunas políticas oficiales. Los “pinos solanas” que ayer se jactaron de pertenecer al movimiento peronista y hoy se juntan con el arco seudo progre de porteños insatisfechos de café. Los que no pueden ganar campeonatos comprando campeonatos. Los que creen que todo es televisión en política y no militancia.

Los que han transformado al periodismo en un reporte policial, un mundo policial, que vende, que escarba en los bajos instintos. Los que a las víctimas de la inseguridad, en el momento del delito, le preguntan “¿cómo se siente?”. Los que les preguntan a los jugadores de fútbol lo mismo de siempre y los jugadores de fútbol responden lo mismo de siempre. Los que no se hacen cargo en decir “sí, yo soy radical y soy periodista”.