Los pavorosos testimonios que acumula la tragedia

Chilenos desesperados en la Terminal. Mendocinos que fueron a divertirse y volvieron aterrados. La publicista en el sexto piso, la periodista colombiana y el chat que habilitó la BBC. Los testimonios de la angustia desde Mendoza. Una serie de contenidos -en una cobertura de excepción de MDZ- para dimensionar lo trágico de la situación en "nuestro" Chile.

Postal de la tremenda tragedia chilena. Foto: Tangle Goblinglitter (Frickr)
Postal de la tremenda tragedia chilena. Foto: Tangle Goblinglitter (Frickr)

El tremendo terremoto que asoló una amplia zona de Chile está dejando testimonios llenos de dolor, pero también de humana respuesta ante el dolor.

Aquí, te dejamos algunos de ellos para que puedas dimensionar el tamaño de la pena en el vecino y querido país.

Aquí, el testimonio de una publicista de 23 años que vive en Santiago y vive en un sexto piso.

También tenemos el testimonio de un mendocino que estaba en Reñaca en el momento del hecho y lo narra con desesperación.

En este link, videos de chilenos en Mendoza: una mujer que desconoce el paradero de su  hija, otra que aguarda noticias de su esposo y su hermano y el de una recién llegada del hermano país.  

En este hipervínculo, las vivencias de la tragedia a través de un chat que habilitó la BBC de Londres, ante las iniciales dificultades de comunicación.

En este caso, los decires de un grupo de mendocinos que fueron a pasarla bien a Chile y volvieron llenos de espanto.

En Mendoza, también hubo derrumbe y daño en una casa de en Mayor Drummond. Aquí, una mendocina da cuenta de su angustia tras tener que abandonar su hogar.

Ahora, te dejamos las declaraciones de una periodista mendocina en Santiago que dice: "Estamos juntando agua, alertas y con dolor".

Muchísimos chilenos quedaron varados en Mendoza, integraron un grupo de pasajeros de LAN y fueron alojados en hoteles de la provincia.

Incluso, la selección chilena de fútbol que conduce el argentino Marcelo Bielsa también dejó sus testimonios ante la catástrofe.

 

Finalmente, te dejamos un testimonio llegado a nuestra redacción y escrito por Laura García, una periodista colombiana radicada en Chile.

 

El terremoto de Chile

 

Por Laura García

 

Empiezo a escribir esto a las 3.16 de la madrugada del domingo. A ocho minutos de que se cumplan 24 horas del terremoto de Chile. Estas primeras líneas vienen auspiciadas por la réplica número 97, y después de ayer, muchos creemos que la eternidad dura 180 segundos, y que esa expresión “el mundo se me viene encima” ya no tiene connotaciones metafóricas. Mi queridísimo amigo el escritor uruguayo Jorge Majfud me animó a escribir sobre esto y me dio un empujón ayer tempranito para que saliera del espanto, me ’sacudiera el sacudón’ e intentara decir algo, aunque él bien entiende lo que me cuesta.

 

Y uno quisiera decir muchas cosas, pero todo lo que se piensa se atropella en los dedos y todo este gran hecho se transforma en una larga lista de números angustiosos que empiezan a disparar los programas de radio. Porque después de corroborar entre el asombro y el espanto que uno está vivo, que el mundo casi casi pero finalmente no se derribó encima, que tu mamá, que tus vecinos, que tus amigos están bien, con terror pero bien, lo que viene son los números, muchos números seguidos de apellidos cortos y contundentes que lo aplastan a uno junto con el miedo: 8.5 grados, 82 muertos, 2 puentes caídos, y empieza el rosario de cuentas tristes, que nos mantienen a todos en vilo: ya no son 82, sino 122, los puentes son ya 4 y todos, excepto el número terrible que preside la noticia, van en aumento.

 

Los números aumentan, se inflan, se contrastan con otros números, y el día se transforma en eso, en una sucesión de números trágicos y dolorosos: 500 veces más fuerte que el de Haití, 2 millones de damnificados, 300 muertos. Y ni qué decir de esos números cuyo primer apellido es Réplica y el segundo Calma. Esos los contabilizamos con sumo cuidado y detalle, porque en todo esto el miedo es una consecuencia inmaterial y difícil de dominar; paradójicamente, los crujidos de la tierra enojada van enseñándole a uno a controlar el ritmo de su terror, a mantener la calma para no salir arrancando despavorido, precisamente como nunca se debe hacer.

 

Los números nacieron a 90 Kilómeros de Concepción, en el sur de Chile, en la Región del Bío Bío, en donde se localizó el epicentro, y desde allí siguen inflándose mientras todos los seguimos con dolor, con espanto e impotencia a través de los medios. La devastación, la incertidumbre de los que buscan a su gente, se sienten como propias, y como propio se siente el drama que nos envuelve desde ayer: a uno se le derrumba el corazón con cada imagen nueva que da cuenta de esta tragedia. Dentro de todo, este país se está conduciendo de forma expedita y medianamente ordenada. Por lo menos, ésa es la sensación que queda. Aquí tienen experiencia en esto de los terremotos. 1960 y 1985 fueron años de derrumbe, y aún así el país se levantó.

 

Lucho para no brincar como resorte con cada remezón; la lección de humildad que una tragedia asi nos da ya está más que aprendida, y también quedó corroborado lo mínimos, lo ínfimos que nos podemos sentir frente a la furia de la naturaleza. A las 8:25 de hoy nos sacudió una réplica de grado 6, según informan, y con el sacudón brincaron a mis pies unos papeles que quién sabe dónde estaban. Me cachetea un dejo de amargura cuando los recojo y veo, entre varios folletines, la invitación a una exposición artística: “El terremoto de Chile”, inspirada en el libro de mismo título de Heindrich Von Kleist, el mismo libro que me ve todavía incólume desde mi biblioteca: uno de los pocos que no se derrumbó.