Todos sienten la necesidad de hacer algo para evitar las várices, no sólo por razones estéticas sino porque en ocasiones repercuten de tal manera sobre las personas que éstas deben cambiar incluso su modo de vida.
La respuesta a esta pregunta deriva de abolir las consecuencias que tiene sobre el sistema circulatorio nuestro modo de vida, nuestra profesión y también el medio que nos rodea.
Nos referiremos brevemente a cada uno de los factores que de alguna manera influyen negativamente sobre el sistema circulatorio y también a la forma de corregirlos.
* Mantenerse dentro del peso normal
No existe un régimen especifico que beneficie al varicoso. Pero sí actitudes que empeoran el cuadro, como la obesidad.
Las estadísticas muestran que el obeso tiene un 50% más de posibilidades de desarrollar trastornos varicosos que las personas normales y, además, los obesos portadores de várices tienen el riesgo de presentar complicaciones trombóticas posquirúrgicas.
Es decir que toda persona excedida de peso y sometida a una cirugía tiene un más alto riesgo quirúrgico que las personas normales debido a que se suman dos factores negativos:
Las complicaciones cardiopulmonares por su propia obesidad
Las complicaciones trombóticas y embólicas por la insuficiencia venosa de sus piernas.
Por todo lo dicho se deduce la importancia que tiene para la circulación venosa y la prevención de las várices combatir la obesidad y también,
por supuesto, la celulitis, que afecta en demasía la circulación de retorno.
* Control periódico
La enfermedad varicosa es evolutiva y progresiva, por lo que se impone, una vez concluido el tratamiento, una consulta anual de control permitiendo al especialista actuar precozmente sobre alguna várice incipiente.
* Evitar la permanencia prolongada en posición de pie
Esto debe ser una norma tanto en el trabajo como en la vida doméstica.
Elegir la profesión en función del estado venoso es difícil, pero una azafata, peluquera, un obrero inmovilizado en la cadena de producción o una empleada sentada ante su escritorio deben adquirir la costumbre de realizar caminatas diarias de media hora y practicar algún deporte los fines de semana para contrarrestar la deficiencia circulatoria que le imprime la inmovilidad.
Las mujeres dedicadas a las tareas hogareñas deben evitar las prolongadas estancias de pie lavando, planchando o cocinando. Lo mejor es acostumbrarse a realizar breves interrupciones en estos trabajos cotidianos caminando durante algunos minutos para retornar luego a estos menesteres. También es importante adquirir la costumbre de realizar caminatas diarias para fortalecer la circulación de los miembros inferiores.
* Evitar fuentes de calor excesivo
La calefacción por loza radiante es nociva, pero pueden atenuarse sus efectos con la colocación de alfombras.
No es recomendable una excesiva exposición al sol, principalmente en posición inmóvil, ya que provoca vasodilatación y aparición de esas pequeñas varicosidades tan poco estéticas como son los derrames.
También debemos evitar la calefacción a la altura de las piernas en los coches, trenes y chimeneas; los baños muy calientes y la depilación de cera caliente (para ello existen ceras vegetales de baja temperatura).
Los climas demasiado calurosos para las vacaciones son también desaconsejables; es mejor pasar las vacaciones en la montaña o a orilla del mar. No son beneficiosos los baños termales con temperaturas mayores a 28 °C o la natación en aguas muy frías.
* Vestimenta adecuada
La ropa tiene que ser amplia, suave y ventilada. Las fajas y las ligas que dificultan la circulación a la altura de los muslos están proscriptas, al igual que las medias con elástico fuerte.
Los pacientes portadores de estasis venosa, con los miembros inferiores fríos y lívidos, deben conservar el calor de las piernas con medias y calzado abrigado cuando las temperaturas son bajas.
* Calzado cómodo
Ya desde la primera infancia se comete el error de inhibir la función natural del pie. Apenas el lactante comienza a erguirse, se le ponen zapatos que le impiden separar los dedos y cuyas suelas no puede flexionar suficientemente con sus escasas fuerzas y poco peso.
El pie, y en consecuencia sus múltiples articulaciones y muslos, queda como entablillado, inmovilizado. Toda la gracia del juego muscular del niño pequeño se evita. Pero, dada la gran importancia que tiene una correcta postura y la actividad muscular sobre el sistema venoso, debemos estimular en los pequeños el ejercicio de los músculos de las piernas dejando actuar los estímulos naturales del aire, agua y la aspereza del suelo. Por eso es aconsejable que, siempre que pueda, ande descalzo sobre el suelo natural (tierra, arena) y que el calzado sea amplio, con suela fina y suave.
El adulto anda poco, a disgusto y pasivamente. A menudo usa las piernas como si fueran zancos. La mayoría pisa suelo duro, dan sólo unos cuantos pasos y permanecen mucho tiempo sentados. De este modo sobrecargan unilateralmente los órganos de locomoción sin entrenar los músculos. Estos pies necesitan un calzado que sea amplio y brinde una adecuada contención y firme apoyo. El taco debe tener de 3 a 4 centímetros. No deben ser ni demasiado altos ni bajos para ayudar al máximo el funcionamiento de la bomba muscular de la pantorrilla y el aplastamiento del tejido esponjoso de la planta del pie.
Deben corregirse las afecciones óseas y articulares de los pies y piernas hasta las caderas, ya que todas ellas repercuten sobre la circulación de retorno.
Fuente: Fundación Flebológica Argentina
Consejos para prevenir la aparición de várices
La mujer joven que no quiere tener las várices de su madre; el mozo de profesión que no desea terminar con insuficiencias venosas como sus compañeros más viejos; la embarazada que teme que su gestación le arruine las piernas.