¿Qué hicimos los adultos?

La autora de esta nota, Alejandra Penin, es docente y madre de adolescentes. Se enfoca en la educación y la formación de los chicos y nos invita a polemizar.

En mis 21 años de docente  nunca había sentido tanta frustración y desaliento como en los últimos años. No alcanzo a recordar en que  preciso momento los adultos empezamos a creer que un sistema educativo y hasta un sistema de vida totalmente permisivo sin ninguna clase de límites podía ser la clave para lograr  una Argentina mejor.

Si lo que intentamos fue darle a nuestra juventud toda la libertad para que ellos pudieran solucionar lo que nosotros no supimos, pues creo que nos equivocamos, lo que conseguimos fue confundirlos, hoy la mayoría de nuestros jóvenes están convencidos que sólo deben caminar por la vida  viviendo el día a día haciendo respetar sus derechos sin importar dónde comienza el derecho del otro, sin incentivos ni proyecciones.

Qué podemos esperar de adolescentes que viven en una sociedad cada vez más egoísta, en donde se muestra por televisión a diario la miseria humana, y hablo de la miseria del corazón, sin ninguna enseñanza que pueda servirles de herramienta para forjar cimientos sólidos donde construir un futuro próspero. En donde los roles de cada miembro de la familia son confusos, siendo los hijos los que ponen las reglas de convivencia familiar.

En donde el sistema educativo debe preocuparse por retener a los alumnos dentro de él sin importar la calidad de la enseñanza ni del aprendizaje, para que el resto de la comunidad crea que todo está bajo control en las escuelas. Donde los medios de comunicaciones , los políticos, los famosos, y hasta Doña María y Don Manuel se enfrentan sin ningún  tipo de moral ni ética, y lo peor sin importales el daño que están haciendo a un tercero, a un tercero que es nuestro futuro obrero, maestro, abogado, médico y hasta nuestro futuro presidente.

Sólo quienes estamos en contacto permanente con jóvenes o niños podemos percibir que nos están pidiendo que los ayudemos a conocer y a manejar sus derechos pero también sus obligaciones, que con nuestro ejemplo en primer lugar y con reglas en segundo, les enseñemos a descubrir y explotar  las habilidades y capacidades que como seres humanos poseemos, que les enseñemos para qué sirve ser responsable, honrado, solidario, trabajador, respetuoso de los demás; aunque opinen distinto.

Ellos nos ven a los adultos como una generación insegura que quiere restaurar el orden y recuperar lo perdido sin saber cómo. Que tiene buenas intensiones pero nada más. Ellos necesitan de adultos que no quieran ser amigos de ellos, sino PADRES,  de adultos que no pierdan el tiempo en mirar el error del otro sino que se aboquen a trabajar  a hacer cada uno lo que le corresponde, necesitan sentir que atrás de ellos hay una GENERACIÓN RESPONSABLE, que los apoya y los ayuda a crecer nivelando para arriba, sin engaños, dándoles las herramientas necesarias y enseñándoles a usarlas en un camino de libertad,  pero……. con el sendero delimitado.