Quiero ver qué hay detrás del vidrio

El panorama de un juicio que se demoró 34 años en comenzar fue descrito por aquellos días de los 70’s. Las sensaciones de quienes aguardan por sus condenas detrás del vidrio, descansaron 34 años en el cancionero del rock nacional, a la espera de salir a la luz y actualizar su prosa mediante el histórico proceso judicial que se desarrolla en Mendoza.

Smaha y Saá, dos de los diez represores juzgados.
Smaha y Saá, dos de los diez represores juzgados.

Allá por los 90's, crecí "soportando" las preferencias musicales de mi padre que, por cansancio, transfirió a mi repertorio. Entre el material que frecuentaba, un  tema me generaba intriga: "Detrás del vidrio", de Vox Dei. Quizás por la mala entonación de Eduardo, que hoy pasa los 50, la frase quedó en mi inconsciente y hoy, ante el comienzo del emblemático juicio a los genocidas mendocinos, retomé aquellas obras de Ricardo Soulé, Willy Quiroga y el recientemente fallecido Rubén Basoalto.

Más allá de su semejanza melódica con "Stairway to heaven" de Led Zeppelin, parte de la poesía simboliza lo que se vive en los Tribunales Federales de Mendoza. Las analogías van más allá de la relación entre el título y la ubicación de los acusados: las referencias escritas 35 años atrás no requieren actualización para ejemplificar el actual panorama de los diez genocidas.

Las horas se suceden una tras otra,
y yo aquí, detrás del vidrio
camino y me doy vueltas,
me río y creo ser feliz. (diría Smaha, o cualquiera de los 10 represores)
Pero no me doy cuenta
porque sólo pienso
que estoy hoy solo.

Incluido en el álbum "Jeremías, pies de plomo" (junto a "La Biblia", los discos más emblemáticos de Vox Dei) la prosa de Soulé es un reflejo de lo acontecido en el edificio del Barrio Cívico de Ciudad.

Si ellos son la patria, yo soy extranjero

Para algunos de los jóvenes que crecimos en una nueva "década infame", donde el olvido y el perdón marcaron su inicio, las expresiones musicales de los 70's completaron un vacío intelectual que nos permitió asimilar una etapa nefasta vivida por nuestros padres, que trasciende a lo que ocurre hoy en Mendoza. 

Los "Eduardos" que nos inculcaron el génesis de Vox Dei, a Pedro y Pablo y su "bronquísima marcha", esas "botas locas" de los cuarteles de Sui Géneris, las agiornadas letras del Flaco, el pesado grito de Billy Bond y las historias que García "escondió" en las melodías de Serú, no hicieron otra cosa que ayudar a reinterpretar esa "guerra" que nos relataban algunas maestras en la escuela.

"¿Qué se conmemora hoy?", lanzó Norma, profesora de historia de 8vo año, un 24 de marzo de 1999. "El genocidio de Estado, muchachos". Recién ahí, la escuela me contó lo que el rock me dijo en la intimidad del hogar.

Quiero ver qué hay detrás del vidrio

Y hoy me refugio en ese polvorín literario para intepretar lo que pasa a mi lado, ya no a cientos o miles de kilómetros. Los vidrios no protegen a los genocidas nazis en Nüremberg. Están acá, en Mendoza, a la espera de impedir el paso de una bala vengativa.

Los tubos de oxígeno de unos, los bastones de otros y la avejentada imagen de todos pintan un plano que, lejos de causar congoja por la putrefacción de estas diez almas, genera la indignación de quienes acompañan las sesiones. Sin embargo, cuando me pregunto qué veo detrás del vidrio, mi representación varía sustancialmente.

"La soberbia sonrisa de los acusados oculta la infelicidad de los represores, el miedo a la Justicia y la soledad en la que aguardan por un ingrato epitafio", comentan que escribió Soulé ayer por la mañana. Yo retomo sus apreciaciones.