De boliche en boliche (si nos dejan entrar)

Un recorrido por los lugares donde frecuentan los jóvenes menores de 18 años.  La mirada de dos protagonistas.

En la adolescencia, comenzando la pubertad, los jóvenes cambiamos nuestras salidas ya no vamos siempre a la casa del mismo amigo o amiga. Empezamos a abrir nuestras puertas y conocemos la noche. A partir de los 13 años ya la sociedad nos impone asistir a lo que se conoce como matines. Estos pequeños lugares abarcan chicos desde 13 a 15 años. En los cuales conocemos el volumen de la música, el humo y la masificación de gente. 

A los 15 años empezamos a ir a los quinces. Son las afamadas fiestas que realizan las jovencitas al cumplir dicha edad. Aquí nos atienden bien, nos sirven gaseosa, tortas, tartas; nos invitan a bailar el vals y música de todas las épocas para que los familiares se sientan alineados a la fiesta y en cierto modo se olviden de su verdadera edad al bailar reggeaton. Al terminar la inocente fiesta regresamos a nuestras casas con la tranquilidad de que nuestros padres o algunos padres de unos amigos nos lleven a nuestro dulce hogar.

Llegando a los 16, comienza el problema aquí en el gran Mendoza, no hay lugares para dicha edad a excepción de los m17 (menores de 17). En donde las puertas de algunos boliches se abren para menores a cambio de una entrada anticipada que cuesta desde 15 pesos en adelante y a diferencia de los quinces lo máximo que nos pueden dar es una “consumición” . En parte se juega a ser mayor de edad. Como esto es un juego la ida y la venida es un desafío y también el lugar donde están ubicados los m17 (el challao, chacras, el algarrobal, etc.). Entonces comenzamos a abrir nuestra mirada a la peligrosa noche y nuestro papá que nos llevaba al 15, va en un mercedes benz con camisa celeste y nos cobra tan sólo $1,40 la ida porque en la venida ya no pasa.Ya que este tipo de fiestas comienzan a las 00, 00.30 y finalizan a las 5hs. Y al volver llamamos a nuestros otros papis que van en una auto amarrillo y negro y amablemente nos dice: ¿a donde te llevo? A cambio de esto también debemos pagarle a no ser que tengamos piernas largas para correr. 

A los 17 nos encontramos en la misma situación, nada más, que se hace más amplia nuestra agenda de eventos. Se acerca la mayoría de edad y los caballeros realizan su viril fiesta de 18 en los cuales es un poco difícil explicar lo que hay y no hay, la ida y la venida, la hora en que empieza y la hora en que termina. En pocas palabras no hay reglas excepto que los padres del muchacho sean conservadores y no se vinculen con este tipo de fiestas. Sino tenemos la posibilidad de asistir ha algún boliche si nuestra cara no nos delata la edad o en el caso de las mujeres si les caemos delicadas al patovica también existe otra posibilidad un poco ilegal ya que como cantan los Rodríguez no podemos atravesar ese viento sin documentos y alteramos un poco el nuestro o pedimos formalmente prestado el de alguien .En este tipo de casos los mas frecuentados son: Al sur, alquimia, voodoo, la chimere, etc.

Y llegaron los lindos 18, la linda independencia y algún que otro amiguito que su padre le preste el vehículo y recién en esta edad ya tenemos poder de elección para elegir cualquier tipo de boliche en Mendoza. Para los más rockeros: tenemos aloha, apeteco para los más finos y masificados: Voodoo, Al sur, Kamikaze. Para los fiesteros: donde pinte.

Estos son los lugares que Mendoza nos ofrece al entrar en la vida nocturna. Estas son las pocas alternativas que esta ciudad les brinda a los menores. Ya no existen los bailes en los colegios o las fiestas decentes en las casas todo es a cambio de dinero o alguna bebida.

Muchas personas se quejan de que lo desubicados que están los jóvenes pero ¿Quién se preocupa por ubicarnos? En estos casos por protegernos de lo que se vive, ¿cuántos chicos menores no vuelven a sus casas? Siendo víctimas de la violencia juvenil, la inseguridad, y las incontables cosas que suceden al sacar nuestra llave de la puerta.

De boliche en boliche somos un caso perdido nos metemos en el ruido y no podemos parar. Así somos como ustedes escucharon hace ya muchos años. La esencia de la juventud sigue siendo la misma y nosotros también.         

La autora: María José Marino, alumna del colegio María Auxiliadora que realiza una pasantía en MDZ