Al margen del debate que hoy existe sobre si Argentina tiene que cumplir con el artículo IV del FMI, proporcionándole información macroeconómica dado que somos miembro de esa institución y del G20 y, por lo tanto, deberíamos cumplir con el reglamento de ambos clubes a los que pertenecemos, lo cierto es que desde principios del 2007 los datos del INDEC han dejado de ser confiables.
No solo el FMI, al cual siempre es políticamente correcto criticarlo, desconfía de la información económica de dicho organismo, sino que el informe preparado por 5 universidades sobre la situación del Indec ha sido lo suficientemente elocuente sobre las desprolijidades metodológicas de dicha institución.
Para tener noción de la falta de confiabilidad de los datos del Indec se pueden analizar los datos de la Canasta Básica Alimentaria (CBA). Como se sabe la CBA se determina a partir de la cantidad y calidad de alimentos que una persona, con actividad moderada, debe consumir en un mes para mantenerse bien alimentada. Luego, mediante una serie de tablas, se hace el cálculo para distintos tipos de hogares. Por ejemplo, podemos tomar el Hogar 2 que representa a una familia que vive en el Gran Buenos Aires y está compuesta por un jefe de familia de 35 años, su esposa de 31 años, una hija de 8 años y un hijo de 5 años.
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