¿Por qué en Mendoza ser soltero da lástima?

"Ahí te das cuenta que los mendocinos vivimos todavía en un pueblo", dicen algunos. ¿Realmente pensamos que la realización llega con la vida en pareja o el matrimonio? Un retrato de las actitudes de la sociedad mendocina frente a los que "son solos".

Los eventos sociales en Mendoza, hasta hace poco, eran lapidarios en cuanto a la asistencia. Cenas de fin de año, inauguraciones, presentaciones de nuevos productos, ágapes… invitación que llegaba, llegaba para dos. Para vos y tu espos@. Para vos, y tu novi@.

¡Ni hablar de los casamientos! Pecado mortal “caer” sol@ (sinónimo de condenación eterna al lado del Dj, o por lo menos de larga agonía en el purgatorio de la barra de tragos o, peor, la sillas al lado de los famliares viejos).

Por suerte para muchos, la “onda free”, “decontracté”, “after office” ha llegado a la provincia, se ha impuesto y ha traído un respiro a quien debía acudir desesperadamente a amig@s (o peor, ex novi@s, amantes ocasionales, desconocid@s recomendados por alguien o hasta seres virtuales detrás de un chat, porque a esa altura estás para cualquier negocio) como compañía ocasional y redentora.

Sin embargo, y a pesar de estos progresos, si estás sin pareja y pisando los 30 (o ya los pasaste) es “de manual” la odiosa situación de "la preguntita": en cualquier evento social, reunión, fiesta o simple charla aparece algun@ que te pregunta “¿Cómo puede ser que sigas solterit@? ¿Por qué?”.

Después del fatídico interrogante los presentes asumen diferentes roles. Los que primero aparecen son los espantados; aquellos que se ponen incómodos y miran al que preguntó esa contrariedad con horror, como si el cuestionamiento fuera un dardo venenoso mortífero que está lanzando sin piedad sobre vos, el indagado.

Otros son los expectantes, porque piensan (y quizás ¿aciertan?) que te dieron en el Talón de Aquiles. 

Están los censistas, que tienen listas, libretas, bases de datos y abultadas agendas con información útil sobre entes ideales para presentar: sol@s, lind@s, exitos@s, perfect@s (por supuesto, cualidades basadas en la pura apreciación personal que seguramente no coinciden en lo más mínimo con tu criterio personal).

Cuchichean por lo bajo los que tienen alma de psicólogos/psiquiatras, y piensan “está sol@ porque algún problemita debe tener” o “a lo mejor algo no le funciona”.

Piden la palabra los diplomáticos, que para aliviar una posible batalla verbal o apaciguar un momento de tensión cambian de tema, y con soberbia verborragia arman monólogos sobre tópicos que no le interesan en lo más mínimo a nadie: un doloroso juanete, lo fría que está la comida, las últimas declaraciones de Ricardo Fort.  

También están los que trocan en nigromantes, adivinos o pitonisas y te sueltan ahí nomás: “Disfrutá, que ya te va a llegar la hora”. Y a vos te dan ganas de preguntarle “¿Qué hora? ¿Me voy a morir? ¿Quién sos, Joe Black?”. Pero guardás la compostura y contestás algo civilizado (seguro, a partir de un casette que ya tenés grabado en el cerebro).

Por fin, y a pesar de que pusiste a disposición todas las razones por las cuales estás bien así, por ahora, no podés evitar la palmadita en la espalda, la cara de pena, la frase “yo te banco”, la mirada condescendiente con la cabeza levemente inclinada al costado.

¿Por qué los solteros dan lástima?

“Ahí te das cuenta que los mendocinos todavía vivimos en un pueblo”, dicen algunos. Y un poco de razón tienen.

La soltería puede o no ser un estado definitivo para algunos, pero ciertamente cada vez más “treintones” eligen vivirla, prolongarla. Se trata, entonces, también de dignificarla.

Estando solo uno se da cuenta de lo que realmente le gusta. Está latente la posibilidad permanente de conocer, experimentar, tomar riesgos, probar.

Soltero se viven situaciones diversas que desarrollan los sentidos más finamente. Se cultiva el oído, se agudiza la vista, se paladean sabores heterogéneos, se usa más el tacto, embriagan más los aromas.

Soltero probás también en el amor, y si te equivocás no es tan grave ni te sacan el 50% de tus bienes. 

Aunque por momentos suene absolutamente egoísta; disfrutás de tu espacio, tu tiempo, tu vida… hasta que te plazca, sin necesidad de seguir ningún delirante mandato impuesto.

Porque además, conseguir el amor "para toda la vida" es un poco como sacar el premio mayor de abajo de la tapita de Coca-Cola: a algunos les llega después de muchos "seguí participando", otros sacan premios más efímeros y menos importantes y por eso los van cambiando, otros intentan toda la vida y nunca les llega.  

Todavía en el inconciente menduco está el mundo chiquito e ideal de “la novia bien” y “el hombre de mis sueños”. De “la chica de su casa” y “el joven estudioso y trabajador”. Del “viernes con amigos, sábados con novi@”. De la vida entre cacerolas y el amor hasta la muerte.

¡Ojo! No está mal casarse, ni formar una familia… Pero tampoco viven erróneamente quienes eligen otras opciones.
  
Porque cuando te ponés de novio… ¿Ahí sos feliz?

Entonces si te casás ¿Qué sos? ¿Feliz, feliz?

Y si tenés un hijo… ¿Qué sos? ¿Feliz, feliz, feliz?

La felicidad no se alcanza ni se acumula. La felicidad se disfruta en momentos, y cada uno lo hace a su manera: como quiere… y como puede.

Federico Croce en Twitter: @federicocroce