Las dudas frente al censo

El diputado radical Raúl Vicchi argumenta que existen severas dudas acerca de la fiabilidad de los datos que se obtengan en las poblaciones de hasta 100.000 habitantes y que los ensayos han mostrado márgenes de error superiores a los aceptables.

El próximo miércoles 27 de octubre, los argentinos renovaremos una cita que, aproximadamente cada diez años, tenemos con nosotros mismos. El Censo representa algo así como detenernos frente al espejo con mucho más tiempo del habitual, observarnos profunda y detalladamente y preguntarnos quiénes somos, qué imagen nos devuelve nuestro reflejo, cómo lucimos. De la sinceridad con que contestemos, de cuán incisivos seamos en nuestra mirada, dependerán – probablemente – actitudes y decisiones que afectarán nuestro futuro.

El Censo implica mucho, muchísimo más que aquellos números que ocuparán los titulares de los medios de comunicación en los próximos meses, una vez que los primeros datos alcancen estado público. Saber cuántos y cómo somos exactamente y otras estadísticas similares son solamente la punta de un iceberg de información que, en primera instancia y como efecto superficial, permitirá actualizar enciclopedias en sus diversos formatos.

Los resultados del Censo deben conformar el insumo fundamental para la toma de decisiones de políticas públicas y privadas en los ámbitos económicos, políticos y sociales. El Censo constituye el más preciso (por magnitud, por trascendencia) relevamiento estadístico que llevaremos adelante en diez años. De él dependen, entre otras muchas acciones, la correcta determinación del número de los representantes parlamentarios, la reconstrucción de series históricas demográficas indispensables para la investigación científica, la actualización de la cartografía de nuestro territorio y de los asentamientos poblacionales (vitales para decidir el destino de las inversiones productivas o el diseño del sistema de transporte). Se entiende entonces que la precisión y confiabilidad de la información obtenida sean de vital importancia, diríase la condición sine qua non para que una acción de esta envergadura tenga sentido.

Si concordamos en la necesidad de estas premisas, la llegada del próximo miércoles no puede más que preocuparnos seriamente. Este Censo 2010 aparece cargado de una serie de inquietudes y dudas que van mucho más allá de las habituales cuestiones estadísticas que se ponen sobre el tapete ante circunstancias como estas.

Aunque corresponde reseñar que debemos recibir a los censistas y comprometernos a responder con la mayor precisión y sinceridad, no podemos obviar algunos de los asuntos que lucen poco claros y preocupantes:

• Un grupo de universidades públicas ha reseñado los escasos antecedentes técnico – profesionales de quienes han diseñado conceptualmente el Censo, además de que tampoco han trabajado en conjunto con organismos nacionales e internacionales (pertenecientes al Mercosur, sobre todo) con experiencia en este tipo de tareas.

• Existen severas dudas acerca de la fiabilidad de los datos que se obtengan en las poblaciones de hasta 100.000 habitantes, ya que no se han explicitado las técnicas estadísticas que se aplicarán en estos casos.

• Los resultados de las pruebas experimentales realizadas en localidades como Chivilcoy (Buenos Aires) y Tolhuin (Tierra del Fuego) han mostrado márgenes de error superiores a los aceptables.

• Los relevamientos previos han sacado a la luz numerosos errores derivados de la imprecisa información cartográfica aportada por el INDEC, por lo que los riesgos de obtener datos poco precisos y parciales se acrecienta, sobre todo en áreas rurales.

• Existen 2 tipos de cuestionarios : el Cuestionario Censal Ampliado (o Cuestionario A), con 28 preguntas referidas a ubicación geográfica, vivienda, personas que pasaron la noche del martes 26 al miércoles 27 y características habitacionales del hogar, más 39 preguntas por persona referidas al ítem “población”; y el Cuestionario Censal Básico (Cuestionario B, similar al anterior pero con menos preguntas, 19 y 16 respectivamente). Algunos censistas tendrán sólo cuestionarios del tipo A, otros del B y otros de ambos tipos. Teniendo en cuenta que los censistas tendrán entre 9 y 40 viviendas por relevar, a un promedio de 4 personas por hogar, deberá realizar entre 83 y 184 preguntas por cada casa. Dejo al lector la opción de contabilizar la cantidad total de preguntas que algunos censistas deberán hacer, y mi seria duda sobre si les alcanzará el día para completar su trabajo.

• Informaciones sobre tipo de escolaridad (pública o privada, por ejemplo) o cobertura social, o evaluaciones derivadas de las migraciones internas deberán directamente ser presumidas porque no serán preguntadas, con la consiguiente imposibilidad de obtener valiosos datos referidos a educación y salud. Cabe recordar aquí que en otros censos anteriores se ha indagado más profundamente sobre estos temas. Por lo que la pregunta es: por qué se han eliminado este tipo de preguntas de la cédula censal actual?.

Si a este pequeña muestra de aspectos que potencialmente le restarían veracidad a los resultados del Censo, le sumamos el hecho de que el mismo será llevado adelante por el mismo organismo (INDEC) que con prolijo y cotidiano descaro tergiversa información sensible sobre el andar de la economía (con el Índice de Precios al Consumidor como ejemplo más notable y grosero), no podemos menos que manifestar nuestras reservas acerca de la seriedad, objetividad y transparencia con que el Gobierno Nacional encarará la evaluación y difusión de los datos que se obtengan el 27 de octubre. Quienes han usado y usan las estadísticas de nuestro país como generadoras exclusivas de “buenas noticias” (de dudosa efectividad, porque la realidad se encarga de desmentirlas para cualquier persona informada – o que simplemente hace las compras a diario -) corren el grave riesgo de transformar el Censo en un mero instrumento vacío, una tremenda oportunidad perdida.
En definitiva, un reflejo deforme, distorsionado y, por tanto, insuficiente, de quienes somos.


      Raúl Vicchi
Diputado Provincial