Palabra de astronauta: de ovnis, bondis y Cacheuta

El científico mendocino Osvaldo Peinado reflexiona acerca de los caprichos del habla en diferentes idiomas, de las creencias de las personas respecto de su propia lengua y de las traicioneras traducciones en un texto tan meduloso como divertido.

El mendocino Osvaldo Peinado. Foto: MDZ / Archivo
El mendocino Osvaldo Peinado. Foto: MDZ / Archivo

Después de haber conocido gente en casi todos los países que existen en este planeta y haber hecho amigos en muchos de ellos, es interesante ver las diferencias y puntos en común entre los distintos países y culturas.

Hay algo en común, que es entendible, pero gracioso para alguien que conoce un poco más del mundo y ve las cosas de un modo más neutral y global es el tema de los idiomas.

Por ejemplo, en todos los países dicen:
- Mi país o mi ciudad es el más lindo/a del mundo.
- En mi país la gente es más amigable que en otros lados (tenemos el mejor pueblo del mundo).

Y lo que es realmente gracioso y podés discutirlo a muerte que no te van a entender, es esta idea:
- Mi idioma es el único que se pronuncia como se escribe.

En mi idioma se pronuncia como se escribe, ¿en serio ?

Pero, como decía Einstein, todo es relativo. Al principio trataba de explicarles que no existe ningún idioma que pueda decir que se lee o pronuncia como se escribe y que por supuesto que para persona que lo habla es la única forma de hacerlo, o sea para la persona que sólo conoce ese idioma, cree que es así; para otro que hable otro idioma, ¡no es así!

Cualquiera que haya estudiado otro idioma sabe que no es cierto y que cada idioma tiene su pronunciación distinta y que las mismas letras en cada idioma tienen otra pronunciación que, por supuesto, para las personas que lo hablan creen que es la única y la correcta forma de pronunciarlo.

Eso pasa mucho con los nombres de las ciudades o personas. Un inglés siempre dirá Lady Di (pronúnciese Leidy Day) y un hispano hablante dirá sólo Laidi Di.

Otro ejemplo: en castellano “eu” se pronuncia “eu”, pero en inglés es “i-iu” o “iu” y en alemán “oi” y si le preguntás a un inglés te va a decir, “eu” no existe, es “iu” y no hay otra pronunciación. Si estás en medio de los Alpes esquiando te van a decir que tomaste mucho alcohol sino pronunciás “oi”, porque es la única forma en que se pronuncia, síy no, ¡depende del idioma!

En España se paga con euros, en Alemania con “oiros”, en el Reino Unido con “iuros”, en Francia con “oiró” y así en cada país se pronuncia la misma palabra en forma diferente.

Es muy difícil hacerle entender a alguien que su idioma no es el único ni el más importante cuando no conoce otra cosa.

De traducciones y traiciones

Es también interesante ver como las traducciones deforman los nombres en los distintos idiomas. Lo increíble es que en los tiempos de Wikipedia y de Facebook todavía se sigan cometiendo esos errores y no se corrijan.

Yo soy de la idea de que cada nombre, ciudad, río o montaña se tiene que pronunciar como se lo pronuncia hace en el idioma de origen y no adaptarlo o cambiarlo.

Es lógico que hace cientos de años, cuando las distintas culturas se encontraron y no había ni diccionarios ni intérpretes ni nadie que te tradujera, entendieran cualquier cosa. Y ahora tenemos cosas como canguro (cuando el inglés Thomas Cook preguntó a los aborígenes australianos qué era eso, ellos le dijeron, “no te entiendo”, o sea, “can goo, ro” y ahora el pobre animal se llama así) o los esquimales (que se deriva del inglés, y significa personas que hablan otro idioma), o que a Österreich (el reino del Este), porque los franceses e ingleses no lo podían pronunciar, le pusieron Austria y muchos otros ejemplos más.

Hay muchas cosas simples que han sido mal traducidas, como Firenze (Florencia en castellano, Florenz en inglés) que son fáciles de entender, pero hay otras que realmente no tienen nada que ver, a pesar de que siempre hay una explicación

EE.UU. en inglés es USA; en Alemán, VSA y es el mismo país; los americanos mismos dicen US o The States o America, pero no EE.UU.

Otros países como Alemania, que se escribe con D (Deutschland) es el nombre verdadero del país, pero en inglés es Germany porque en el norte vivían los Germanos y por eso se le puso ese nombre; en la frontera con Francia se habla un dialecto que se conoce como Alemanisch, por eso se la llama Alemagne, y los españoles simplemente lo tradujeron como Alemania; en Italia es el país de los Tedescos y se los conoce también como teutones. Todas son traducciones del mismo nombre en diferentes idiomas.

Holanda es sólo una provincia en Die Niederlande (Los Países Bajos), el símbolo del país es NL y no Holanda, otra mala traducción.

“No me grite, soy extranjero, no sordo”

Una vez estaba con un amigo de Santa Fe que quería conocer el Danubio, y me pregunta: ¿Dónde esta ese río? Hace dos semanas que estoy acá y todavía no lo veo”. Le dije: “Te vas a cansar de buscarlo con ese nombre, porque en realidad  se llama Die Donau ¡y ya lo cruzamos varias veces!

Es muy común que uno se ría cuando un turista nos pregunta cómo llegar a Cacheuta y no sabe como pronunciarlo; para un americano o un europeo del Norte es un nombre impronunciable, sería algo como Cajiuitai ¿Difícil de entender no?

A pesar que para nosotros suena tan familiar, lo mismo es cuando alguien de Mendoza tiene que ir al aeropuerto y tomar el tren en Frankfurt que se llama Flughafen-Sbahn, muy fácil para un nene de cuatro años que vive por esos lares, pero difícil para alguien que no conoce el idioma.

Es importante ser abiertos de mente y darse cuenta que la gran mayoría del mundo habla chino, inglés o indu y no castellano, y si vemos un extranjero que le cuesta pronunciar nuestros nombres, pensar que sería si nosotros estuviéramos en Bei Jin (Pekin en inglés o la capital del norte en chino) y alguien te dice “Nihjau” (hola en mandarín) ¿Qué le respondés? No te olvidés de que si el chino tiene siete A diferentes y el castellano solo una, ¿cómo pronunciarías el nombre de una calle?

Otra cosa que es muy típica es que cuando uno está en otro país y no entendés el idioma la gente te empieza a hablar más alto, pensando que no los escuchás. Yo siempre les digo: “¡por favor no me griten, soy extranjero, no sordo!

Eso pasa en todos lados, en Afgahnistan termine casi con dolores de oídos, ya que mi traductor pakistaní no hablaba pastun (uno de los dos idiomas oficiales en Kabul) y depende de con quién hablábamos se subía cada vez más el tono de la conversación. Lo mismo te pasa en Africa o Asia o en Turquía si no hablás el idioma.

Una vez estaba en Noruega cenando con amigos y los chicos de la familia querían charlar con el tipo raro que no era rubio (el mendocino); con la madre hablábamos en alemán y con el padre en inglés, había otro matrimonio que hablaba italiano, pero los chicos sólo noruego y me preguntaban por qué hablaba tantos idiomas raros pero no el idioma más fácil que era el noruego, ellos querían jugar conmigo y me era difícil entenderlos (si bien el noruego es muy fácil de leer es difícil pronunciarlo correctamente), para ellos era inentendible porque yo no lo hablaba.

De OVNIs y UFOs

El tema de los idiomas y las malas traducciones el algo universal, en todos los países pasa lo mismo; además existen los dialectos, que no se escriben pero se hablan, incluso los dialectos de los jóvenes, que en todos los idiomas inventan nuevas palabras, modismos, que luego se incorporan al lenguaje, como “no me lo banco” o cientos de ejemplos y eso en todos los idiomas.

Si bien existe una globalización y el idioma universal es el inglés, en cada país se habla un inglés distinto.

Trabajando en un proyecto internacional me toca muchas veces traducir de ¡inglés a inglés! Si no es lo mismo un astronauta de Alabama, que uno ruso, que un japonés o un italiano, si bien todos hablan inglés cada uno tiene sus modismos y muchas veces se generan confusiones porque usan expresiones distintas para decir lo mismo. Es muy común que me toque traducirle a los americanos de la NASA el inglés de los otros no texanos por ejemplo.

Ellos no están acostumbrados a entender otro acento u otra pronunciación diferente de la de ellos mismos.

El tema de la comunicación es sumamente interesante y cada vez el mundo se acerca más y habla el mismo idioma, aunque también se están acentuando los regionalismos por el miedo a la pérdida de identidad.

Hay cosas que en el mismo idioma se llaman de formas totalmente distintas y viene la pregunta: ¿cuál es la correcta? Un argentino come maní, un mexicano cacahuete, un español cacahuate; si estás esperando el micro, en Cordoba es un bondi; en Cuba, un camión; en Venezuela una buceta; en otros países una guagua o el bus, si bien todos son un ómnibus. En Mendoza la pileta es panda pero en México, ¡la alberca es poco profunda!

Con las siglas es más complicado: en Argentina vemos OVNIs y en Estados Unidos UFOs y ¡es lo mismo!

En Europa existe la EG (Europäische Gemeinschaft o Gesellschaft) o la EU (European Union) o la UE (Unión Europea); todas están bien y ninguna es la versión oficial o absoluta, cada idioma tiene lo suyo.

Es importante saber que lo que pensamos que es la única forma de pronunciar algo, seguro que no lo es. Hay muchas formas, cada una correcta en su idioma.

En muchos países se enseña el inglés, el idioma oficial, y algún otro que era el original antes de la conquista, como el quechua, el guaraní, el zulú o el taiwanés.

La ventaja para las generaciones futuras es que las comunicaciones son cada vez más fáciles, rápidas y baratas, la televisión es cada vez más internacional, la internet más abierta e internacional y el inglés se está estableciendo como el idioma de comunicación universal. A lo mejor en un par de siglos, empezamos a pronunciar los nombres como es debido y a entender que no existe una sola pronunciación para cada letra o palabra.

(*) Osvaldo Peinado es doctor en Ciencias Espaciales por la Universidad de Munich, Jefe de Operaciones de Tierra de la Estación Espacial Internacional (ISS, Internacional Space Station), Jefe del Centro de Control de Astronautas de la Agencia Espacial Europea (ESA, European Space Agency) e integra el grupo de científicos que diseña la primera misión tripulada a Marte en 2035 de la NASA.