Para poder proliferar, las células tumorales “secuestran” a un grupo de moléculas encargadas de mantener el buen funcionamiento celular e inhibir el desarrollo del cáncer. Sin la vigilancia de estas moléculas protectoras, llamadas microRNAs, los genes implicados en la aparición del cáncer tienen vía libre para expresarse sin restricciones.
Estas moléculas descubiertas hace dos décadas actúan como interruptores moleculares que cambian el comportamiento de cientos de genes, entre ellos los oncogenes, y son vitales para que las células se dividan correctamente, estén adheridas a los tejidos o tengan un riego sanguíneo adecuado.
“En los dos últimos años se ha demostrado que estas moléculas están alteradas en las células cancerosas, debido a una perdida de actividad, pero hasta ahora no se sabía el motivo. Nuestro grupo ha logrado averiguar que la inactividad se debe a la ausencia de una proteína transportadora, llamada Exportina-5, que actúa como una especie de taxista que saca los microRNAs fuera del núcleo de la célula para que maduren y puedan ejercer su función normal, que es la de regular simultáneamente cientos de genes. Se trata de una nueva vía alterada en el cáncer que se desconocía por completo hasta ahora”, explica Manel Esteller, director del equipo que ha llevado a cabo el descubrimiento que hoy se publica en la “Cancer Cell”.
La investigación liderada por Esteller, director del Programa de Epigenética y Biología del Cancer (PEBC) del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), demuestra que el tráfico de estas moléculas se interrumpe en un subgrupo de tumores de colon, estómago y útero, tanto en sus formas hereditarias como en tumores esporádicos, en los que no hay predisposición familiar.
“Los tumores descritos presentan una mutación en la molécula transportadora Exportina-5 que la inhabilita para llevar los microARNs desde el núcleo al citoplasma, por lo que pierden su capacidad antitumoral.”, explica el investigador catalán.
Este descubrimiento, además de profundizar en las causas que conducen al cáncer, abre nuevas perspectivas en el abordaje terapéutico de esta patología, “que debería estimular la búsqueda de fármacos que ayuden a mejorar el transporte de estas moléculas, como alternativa a los que se vienen utilizando hasta ahora en quimioterapia”.
Alteración en un gen de microARNs
Además, añade, como estos tumores tienen una alteración específica en un gen de la maquinaria de microARNs, “quizá los pacientes con esta mutación sean especialmente sensibles a terapias que actúen a favor de los microARNs”, con lo que este descubrimiento entraría dentro de lo que se denomina medicina personalizada.
Los microARNs, o pequeños fragmentos de información genética, se describieron por primera vez en 1993 en el gusano C. elegans, aunque su importancia pasó desapercibida hasta 2001, cuando se localizaron estos fragmentos en otros invertebrados, plantas y vertebrados, incluida la especie humana. Actualmente se sabe que estas moléculas regulan a los ARN mensajeros, que a su vez se encargan de convertir en proteínas la información contenida en el material genético, por lo que su acción se extiende sobre miles de genes.
Participan en gran número de procesos, regulando la producción de proteínas implicadas en la diferenciación, proliferación y muerte celular.
En nuestra especie se han encontrado unos 700 microRNAs, que determinan si una célula vive o muere, si se multiplica rápidamente o si se convierte en hueso, músculo u otro tipo de tejido y están implicadas en enfermedades como la insuficiencia cardiaca, la hepatitis, la esquizofrenia o el cáncer.
Fuente: ABC.es